El amor
Jorge Valencia*
El amor es una construcción cultural que se celebra el 14 de febrero para comercializar el afecto.
Los que quieren una novia compran flores, un peluche y pagan una cena lo suficientemente escueta para no parecer ansiosos, pero generosa hasta los postres para no demostrar mezquindad.
El amor es costeable. Se compra con un anillo de diamantes y se vende por una luna de miel en un paraíso exótico.
Justifica la vida de los protagonistas de las series de Netflix: lo que antes ocurría en las telenovelas, hoy se ha adaptado al formato digital y al idioma y la preferencia sexual. El amor es un bien que se comercia, se encarece, se limita. Si en el siglo XIX se fomentó como proyecto de libertad, en el XXI se explora como recurso de identidad.
Desde el amor “cortés” hasta el amor como preferencia, pasando por el amor “libre” y “prohibido”, la atracción por el otro (la otra) ha sido el fundamento del arte, símbolo de la organización social, como argumento de la ideología y postura existencial.
Aunque hay varias formas de amor, desde la compasión hasta el amor carnal, ninguna otra es capaz de la locura como el que se profesan dos cuerpos. Octavio Paz plantea que el amor es “combatir”. El deseo de posesión somete a quienes aman a una lucha permanente contra quienes pretenden su ruptura debido a normas morales que cuestionan la estabilidad y coherencia de su cosmovisión. Romeo y Julieta son el estereotipo de los amorosos: mueren por las amenazas externas y conservan la pureza de su sentimiento.
El amor como fuerza motora parece no considerar el día después. Nadie sabe qué ocurre con la Cenicienta luego del encuentro con su príncipe azul, como si el amor concluyera con el solo ayuntamiento de las almas y no con el período que sucede al acto de aceptación.
Raymond Carver lo cuestiona en el libro de relatos “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, título que presenta el problema de la convivencia entre quienes declaran su preferencia por otro.
Como acto de seducción, se trata de un principio y no de un fin. A diferencia del Don Juan (Casanova en Francia), el amor no se reduce a la conquista, sino al compromiso de vida entre los amorosos. El amor en los personajes de Carver tiene que ver con un vínculo que se establece bajo la costumbre. No se trata de un acto heroico, sino de relaciones que se replantean a través de la rutina.
El amor es una elección que invita a los protagonistas de ese sentimiento a preferir al otro (otra) a pesar de las arrugas, la falta de pelo, las flatulencias. Más una compañía en la vida, alguien con quien asombrarse de ese misterio. Pero esto no parece comercializable.
*Director académico del Colegio SuBiré. jvalencia@subire.mx
“Pero esto no parece comercializable”
Y lo que no vende, “no rifa”.