Educados por… ¿Trump?

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

 

Inauguramos la primera semana del primer año del segundo cuarto de año de este siglo XXI con una clase doctoral y magistral de un maestro, quien se jacta de dominar todos los temas del currículo. Al menos del currículo inventado por él y en épocas pretéritas por otros déspotas.

La enseñanza empezó con claridad: mandó a sus huestes: “Hagan lo que yo digo sin pretextos o evasiones”. Luego puso un ejemplo de sus procedimientos y mandó dos acciones: atrape a ese desobediente y métanlo en una celda para que se le quite lo “machito”. Y cierren a piedra y lodo todas las puertas de riqueza del desobediente para que no tenga “money”. Luego de tan prístinas lecciones, sus alumnos aplaudieron y dijeron: “Oh, maestro, lo que tú dices es la verdad y nosotros la cumpliremos al pie de la letra”.

En esas estamos. En espera de la siguiente lección para aprenderla y practicarla, desde luego. En su tiempo libre se reunió un grupo de posibles nuevos alumnos y platicaron sobre las lecciones del déspota. Algunos lo alabaron, pues el alumno desobediente ya estaba dando mucha lata. Otros lo criticaron sin pudor y exigieron que devuelva el estado de cosas a como estaba antes de sus lecciones de cómo se ejerce el poder ante los incrédulos en sus palabras, planes y gustos de déspota. Nada pasó.

En la escuela del desobediente se apuran a llenar el hueco que dejó al viajar hacia la tierra prometida. Los alumnos extrañan al estudiante mal portado y lo quieren de nuevo en la escuela. Piden al maestro que lo deje ir, que ya aprendió, que no pueden sin él… y mil súplicas más. Nada. El maestro oye, pero no escucha, y los alumnos se desconciertan y, dicho en lenguaje beisbolero, se están “ponchando”.

Los condenados a ser observadores del nuevo modo de enseñar recuerdan las historias de los senadores romanos capaces de envenenar al heredero del trono del César y, una vez muerto, pelear por el trono sin más razón que yo puedo más que todos los demás juntos… y los juntos prefieren seguir juntos, vivir y esperar su turno. Otra valiosa enseñanza al público observante.

Estas enseñanzas representan una vieja adversidad: principios versus la fuerza. Ésta, con frecuencia, se modifica así: La fuerza de quien defiende los principios frente a la fuerza de la violencia utilizable para echar abajo los principios. Antes, esa vieja adversidad se evidenciaba entre los reyes, príncipes y nobles. Ganaba quien convencía al jefe de la soldadesca para seguirlo en la lucha contra el soberano y meterlo en alguna mazmorra y presentarle la disyuntiva: o me aclamas y ayudas o te mueres. Hoy el maestro de todas las ciencias y situaciones dice lo mismo: Como no hiciste lo que te exigí, voy por ti y te meto en mi cárcel. La enseñanza es muy clara: La fuerza sigue mandando sobre la ley. A la sombra de estos hechos, más de algún alumno ha dicho que la ley no es suficiente para defenderlo de la fuerza. No me gusta la lección, pero como es imposible oponerse, la acepto: la fuerza se impone.

Más allá de las diversas reacciones, discursos y sucesos, queda claro, uno, que la lección del maestro dómalo todo es una flecha directa a todo humanismo. Esa es la tragedia detrás de este atrevimiento militarizado y basado en la fuerza: Creer en el humanismo hoy debe soportar una pesada duda. El deseo y las acciones para disponer de más poder son irrefrenables por los sólo principios de legalidad: libertad y justicia, basados en una ética humanista y libertaria.

Por otro lado, la enseñanza de los principios centrales de la convivialidad humana queda cuestionada, pues quien los defiende no ha logrado frenar a quien los infringe. ¿Qué puede responder un maestro de nuestras escuelas cuando los estudiantes pregunten: “¿Por qué un presidente manda apresar a otro presidente, de otro país, sin juicio de por medio?” La respuesta no puede ser otra: por autócrata que no respeta nada sino sus impulsos.

Los maestros y maestras de las escuelas de todos los niveles y grados hemos de hacer una lección en la cual comuniquemos a los estudiantes la agresión irresponsable y castigable, cometida por el presidente Trump, y las faltas a la ley cometidas por estos hechos. Es una responsabilidad docente.

 

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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