Educación con Covid-19

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

A través de conferencias virtuales y declaraciones repetitivas, el Secretario de Educación insiste en solicitar a los maestros la generación de aprendizajes a la distancia, bajo el contexto del confinamiento.
Existe una plataforma con los contenidos de los planes y programas donde los maestros, los alumnos y los padres de familia pueden abrevar, enterarse, implementar. Se ofrece hasta una batería de videos.
La verdad es que cada escuela se rasca con sus propias uñas. La diferencia abismal en infraestructura permite o dificulta a cada institución cumplir en lo posible con su cometido correspondiente. No es una novedad. Los aprendizajes se supeditan a los recursos materiales y a las virtudes magisteriales de cada plantel.
Lo cierto es que el alumno necesita de un guía. Una computadora. Una plataforma con contenidos. Y alguien que lo supervise. El maestro a la distancia; el papá en cortito.
Los maestros han tenido que aprender a utilizar el “Zoom” como herramienta para la presencia, ejercicios precargados ofrecidos por las editoriales pactadas y un sistema de comunicación en tiempo real a través de correos electrónicos o de las redes informales.
El uso del WhatsApp y las videoconferencias queda a criterio de las posibilidades personales de cada profesor.
Los papás se convirtieron en reguladores de la carga de trabajo: hay quien facilita la computadora y quien se sienta con su hijo a revisarle la repetición de las tablas. La “sociedad del conocimiento” abarcó de pronto y de manera intempestiva a los padres.
Todos los actores educativos padecen el confinamiento y reconfiguran sus roles de manera provisional. Tal vez definitivamente.
Los maestros han tenido que entender (en especial quienes aprendieron el oficio empíricamente), que no basta con explicar –de forma expositiva– un contenido; los papás han tenido que involucrarse en el proceso de aprendizaje de sus hijos y los alumnos se han visto obligados a asumir la educación como un acto volitivo, cosa que la última ola educativa ha minimizado u obviado.
A quienes pensaron en la figura del maestro como el único responsable del aprendizaje de un niño, la pandemia les ha demostrado que la tecnología y la influencia de los padres pueden –deben– marcar la diferencia.
Para los maestros, significa la ruptura de su área de confort y la necesidad de actualizar su metodología didáctica.
El concepto de “autodidacta” cabe como nunca en los aprendices. Los estudiantes más interesados tienen la ventaja de contar con la red; los menos, se divierten haciendo batallar a su profesor en pantalla.
Nadie tiene una receta. Hay experiencias felices y otras muy lamentables. La conclusión es que detrás de un alumno confinado que aprende a sumar, hay un maestro con vocación y un padre de familia que asume su obligación. Los motivadores intrínsecos de los niños son el factor básico para que el milagro de aprender ocurra. Mientras sea novedad, mientras se pueda, mientras volvamos.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

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