Educación ciudadana

 en Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Observar ciertas fotografías y leer ciertos textos periodísticos en estos días suscita, aun sin intención explícita, una reflexión sobre la educación ciudadana. Esa educación necesaria para convivir en cualquier sociedad, pues con base en ella aprendemos hábitos cotidianos, festivos, familiares, económicos, sociales y políticos, con los cuales podemos, mal que bien, vivir juntos. Si bien la escuela –la educación formal– ayuda a conocer y aprender algunos de esos hábitos, es la educación ciudadana impartida en familia, calles, vida cotidiana pública y en la observación de los sucesos en nuestro diario vivir en la sociedad y la cultura que nos ha tocado en suerte; la que nos educa como miembros capaces de habitar la “ciudad”, esa colectividad habitada.
Los sucesos de la vida en sociedad parecen seguir un guion escrito por alguien, no se sabe quién, para seguirlo la mayoría sin problemas especiales. Nuestra individualidad se mantiene siguiendo las reglas no escritas del vivir juntos y al mismo tiempo con precisión mantenemos seguro al individuo que somos, sobre todo cuando algo amenaza o altera nuestro imaginario de quienes somos y cómo debemos comportarnos. Seguimos las reglas de la sociedad cuando estamos con otros en el trabajo, la diversión, el mercado, el transporte y otros espacios comunes. Pareciera en ocasiones una cotidianidad pesada e infranqueable… y cómoda.
Por eso cuando aparece una dificultad en esa vida cotidiana que amenaza la individualidad suena la alerta: Eso no esta bien. Hay que componerlo. A veces, está muy mal y no es fácil componerlo. Ahí aparece el déficit de educación ciudadana. Es decir, ese aprendizaje sobre cómo nos hacemos cargo del lugar en el cual vivimos, y el cual funciona si lo cuidamos y si sabemos cómo atenderlo, pues es un ser vivo, móvil, cambiante, complejo y caprichoso. La reacción natural de quienes carecen de educación ciudadana es la queja: “Porqué la autoridad permite… porqué no lo compone el director de… en qué país de flojos vivimos…” la queja esta bien como desahogo si a continuación exigimos, tomamos en las manos el tema, averiguamos los motivos del problema, pedimos dialogar con la autoridad responsable y ofrecemos la ayuda necesaria.
Hoy la pandemia es una situación en la cual podemos evaluar la educación ciudadana de las personas con las cuales vivimos juntos. ¿Nos hacemos cargo de nuestra parte, nos organizamos para vivir con los cambios de hábitos por causa de la pandemia? ¿Exigimos cuentas de los daños que nos causan las decisiones de las autoridades? ¿Proponemos alternativas? ¿Nos organizamos o esperamos sentados que otros lo hagan? La pandemia es un examen universal de nuestro nivel de educación ciudadana.

*Doctor en Filosofía de la educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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