Educación a la orden

 In Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Un titular en un periódico local: “La mitad del SNTE a Morena”. ¿Maestros en la política nacional? Sí, siempre el gremio magisterial ha sido relevante a la hora de decisiones importantes en el ámbito político. Es un gremio numeroso; según los conocedores, se trata de 5 millones de votos en las urnas, suficientes para inclinar los resultados electorales hacia donde se inclinen esos votos. Además, dicen los conocedores, los maestros son un gremio obediente a sus dirigentes sindicales, pues de ahí proviene la aprobación de disposiciones legales en su favor, casi siempre asociadas a sueldos y salarios.
Detrás del apoyo político está el apoyo presupuestal. Es conocida la importancia de capacitación y de preparación en el personal magisterial, pues se traduce, o así debería ser, en una mejoría educativa en las aulas. Esa mejoría luego se transforma en una mejoría salarial, pues la mejor capacidad para resolver con mejores resultados los problemas educativos se puede traducir, con los debidos apoyos, en un mejor lugar en el escalafón.
Lo anterior no es diferente de otros gremios, pues mayor capacitación y puesta al día de los conocimientos en cualquier rama se traduce en más capacidad de trabajo y de resultados y eso, normalmente, se traduce en un aumento de sueldo. Sin embargo, en el caso de los maestros, esa “traducción” pende de la lógica sindical manejada por líderes y funcionarios. Desde luego, no en todos los casos y tampoco siempre mediante apoyos sindicalistas. Lo normal es utilizar esos apoyos y sus resultados cuando los miembros de la dirección sindical y los funcionarios necesitan apoyo para conseguir la aprobación de alguna medida que los favorece.
Recordemos cómo, en un pasado sexenio, el gremio magisterial se opuso a la evaluación de maestros por los estudiantes mediante un complejo proceso de medición de su capacidad y sus resultados en su desempeño. El sentimiento fue de agresión del gobierno al gremio magisterial. Los argumentos en contra no estaban en la mayor o menor limpieza del proceso evaluativo, sino en la agresión que suponía evaluar su tarea con un examen, comparándolos con alumnos renuentes y díscolos. Sobre todo, más allá de los argumentos viscerales o sentimentales, se disputaban las consecuencias en el escalafón y en la negociación cuando se trata de definir el lugar donde trabajarían.
Esa evaluación, común en otros países, y de hecho en la escuela particular mexicana, atacaba la solidaridad del gremio magisterial con el gobierno en turno, pues el tamaño de sus bases y la capacidad de protesta podía darse en retirarse de las aulas con el disgusto de las familias, quienes se enfrentarían con el gobierno, pues con sus modos evitaban la educación de los hijos, por una causa muy menor, pues los padres y madres de los estudiantes saben bien quiénes son los maestros y maestras de sus hijos y, en todo caso, les pueden reclamar (lo que consideren que está mal) de frente y cuantas veces sea necesario, sin necesidad de evaluación alguna.
Si un gremio de medio millón de miembros le dice al gobierno: “Cuenta con nosotros, te apoyamos”, a ese gobierno no le interesará molestarlos, así sea para mejorar la educación del país. Por otra parte, el país mexicano, sus gobiernos y sus maestros no han encontrado un modo diverso de este “quid pro quo” permanente. ¿Habrá otros modos con los modos de mejorar el crecimiento y mayor calidad de la educación, sin estorbar la función de esas tres partes: maestros, maestras; gobiernos y partidos políticos; y familias y estudiantes?
Aquí recuerdo una anécdota, cierta o no, sugestiva de don Jaime Torres Bodet, a la sazón Secretario de Educación Pública en el gobierno del Presidente López Mateos, cuando invitó a los sindicalistas a sumarse a su “Plan de Once Años” para desarrollar la educación. Dicen que obtuvo una respuesta parecida a “Don Jaime, recuerde que la educación es de los maestros”.

*Doctor en Filosofía de la Educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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