Échale la culpa a quien tengas más cerca

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

En experimentos con ratas, cuando éstas recibían electrochoques (administrados por los crueles experimentadores) su reacción era agredir a la rata que estaba junto a la que recibía el choque. Si las dos ratas recibían el choque eléctrico la lucha entonces ya era recíproca. Por otra parte, ya lo decía Georg Simmel, mientras más cercana es la relación de afecto, mayor será el conflicto con esa persona. Así, hace notar Simmel, los peores enfrentamientos son con personas a quienes se les tuvo mucho cariño. No extraña entonces, según estas dos premisas experimentales y sociales, que las parejas de amigos, sentimentales o fraternales se deshagan en encarnizados litigios. Algunos mortales, otros simplemente para siempre jamás.
Esa tendencia que tenemos los seres vivos, relativamente racionales, a culpar al prójimo de lo que nos pasa, en muchas ocasiones es atinada, pero en muchas otras no lo es. En esa atribución de causalidad, solemos pensar que quienes nos rodean son conscientes de nuestras desgracias, saben de nuestro sufrimiento y hasta lo hacen adrede. “Son unos hipócritas”, solemos calificar, “y se hacen como si no se dieran cuenta de que nos están pisando”, ya sea los callos, las susceptibilidades, la autoestima, la carrera profesional.
Se ha sabido de casos en que las personas están tan seguras de que es la persona más cercana la culpable de sus desgracias que hacen lo posible por desafanarse de la situación… sin darse cuenta de que el problema seguirá con ellos. Así, se sabe de políticos o profesionales que, figurada o literalmente, matan a quienes tienen cerca e incluso a sus mentores porque “no les dejan avanzar en su carrera”. Hace unos años supe del caso de un hombre que mató a su mujer y la hizo pedacitos porque “por su culpa tengo este cuerpo” (gordo, se veía en la imagen cuando declaraba frente a las cámaras de televisión). Si bien podría ser verdad que ella cocinara cosas grasosas para él, también podría resultar verdad que el quejoso se comía todo lo que ella le preparaba.
El caso es que cuando culpamos a los cercanos (o a los lejanos) del total de nuestras cuitas, estamos eludiendo al menos una parte de nuestra responsabilidad al permanecer en esa situación. Los estudiantes que culpan a sus compañeros por no pasarles las tareas completas, a sus tutores por no despertarlos a tiempo, a los docentes por no haberles informado con oportunidad, por reprobarlos o por malinformarlos. O los docentes que no anticipan la necesidad de determinados recursos y no los gestionan, y luego culpan a las burocracias de que no estuvieran disponibles determinados equipos o materiales de trabajo. O los conductores que no se detienen en las esquinas y culpan del choque al conductor del otro vehículo porque no se detuvo en un crucero estaba marcado con un alto total en todas las direcciones.
Claro que hay ocasiones en que hay responsabilidades compartidas y no sólo el vecino tiene la culpa de que pasen determinadas cosas, sino también nosotros mismos por no informarnos de la parte de tareas que nos corresponden como miembros de un gremio, un grupo, un barrio, nuestras propias trayectorias laborales. En estas épocas de stress, los embotellamientos del tráfico (por ejemplo) no son completamente culpa ni de los otros ni de nosotros; pero sí podemos anticiparlos si emprendemos el viaje unos minutos antes para evitar las horas pico. Al igual que (si contamos con la información adecuada y oportuna) podemos anticipar determinados problemas en nuestras relaciones personales, profesionales o laborales.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

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