Docencia y enseñanza bajo la tormenta
Miguel Ángel Pérez Reynoso*
En la próxima semana arrancará el ciclo escolar para 23 millones de mexicanos entre niñas, niños, jóvenes, docentes y toda la estructura del sistema educativo nacional y en cada estado del país. Este año se espera una versión más detallada de la puesta en operación de la llamada Nueva Escuela Mexicana (NEM), de los compromisos y las metas para este ciclo bajo dicho marco.
Las y los docentes se preparan para el trabajo después de una semana intensiva de capacitación en el seno del Consejo Técnico Escolar (CTE), donde se ratifican los ejes de la NEM, el trabajo en comunidad y la inclusión relacionada con el codiseño, entre el plan sintético y el plan analítico, etcétera.
Pero actualmente la docencia se encuentra sitiada y bajo la tormenta; las nuevas formas de regulación laboral a partir del uso de protocolos, el empoderamiento de todo tipo de instancias de la sociedad civil y, en todo ello, la desvalorización cada vez mayor de la autoridad profesional de docentes. A partir de ello se da cuenta de un escenario desfavorable para las y los maestros en servicio.
Vivir bajo la tormenta alerta, pero también paraliza, no es una lluvia ligera, tampoco es un chipi chipi, es una tormenta que no cesa de asediar a los profesionales de la educación, no permite mirar objetivamente la realidad. Bajo este contexto, las y los docentes tienen que aprender a trabajar bajo la tormenta.
Diseñando propuestas pertinentes, generando nuevas alianzas con algunos agentes de la sociedad civil, reinventando la práctica permanentemente y, sobre todo, reajustando el pacto educativo con los estudiantes a su cargo en todos los niveles educativos.
Bajo la tormenta se vive el asedio, la amenaza y la persecución; aunque el ciclo escolar aún no arranca, esta sensación se va generalizando en el magisterio.
Trabajar bajo la tormenta garantiza que cada vez vaya aumentando la carga de trabajo y haciendo más compleja la tarea de educar a cambio de lo mismo. La pregunta es: ¿cómo salir avante de un contexto de trabajo permeado por la incesante tormenta? Las y los docentes tienen que dar cuenta de nuevas habilidades, de nuevas destrezas, pero también de un nuevo compromiso, de una mística de trabajo en la sociedad actual, de la inteligencia artificial, de la vulnerabilidad y delicadeza de las nuevas generaciones y de la desafiliación de gran parte de los sectores de la sociedad, del compromiso del apoyo incondicional a los que viven y trabajan en educación.
La pedagogía bajo la tormenta es un desafío, pero también un área de oportunidad para sacar adelante un proyecto inédito que surja desde abajo, desde muy abajo, entre todas las personas que trabajamos en la educación.
*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com