Días de guardar

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

En días de alto riesgo de contagio, las casas se han convertido en fortalezas. Nadie recibe visitas ni las promueve. Las calles de la ciudad están atendidas por “rapis” y por perros callejeros que expresan sus inmundicias sobre las banquetas de la civilización. El contacto con el exterior ocurre a través de internet. Las escuelas ofrecen actividades para que los papás de sus alumnos se entretengan y los maestros desquiten sus salarios. La polución se desvanece. La nostalgia por los otros se renueva a solas. La muerte se anuncia como una tragedia posible. Los niños que sobrevivan referirán la anécdota con sonrisas.
(En situación semejante, pero en el siglo XIV, Boccaccio compuso una de las obras con que dio inicio el renacimiento literario: diez jóvenes se encierran en un castillo a contarse diez historias cada uno mientras la peste negra azota Florencia. “El Decamerón” relata escenas libertinas con un lenguaje “vulgar”: en lengua “romance”).
La producción industrial se verá afectada por el paro de labores. Las repercusiones económicas serán sensibles (el dólar ya aumentó su valor con respecto al peso mexicano). El turismo se verá mermado: miles de habitaciones quedarán desocupadas. Habrá muertos (en su mayoría gente de recursos limitados). Y secuelas políticas.
En Jalisco, el gobierno “chamaqueó” a la federación con un cese de labores anticipado. Moctezuma convocó al magisterio a Consejo Técnico Escolar para el 23 de marzo, cuando los maestros y alumnos jaliscienses ya estaban recluidos desde el 17.
En situaciones así, cualquiera que asome la cabeza se convierte en líder. Y la asomó Alfaro mientras López Obrador sugería prevenirnos con un “detente”. En un país donde todo exceso es sospechoso, las bromas del presidente no parecen ingenuas. Su sentido del humor cobra el tono de capítulo inédito de “El chavo del 8”. Pero sin risas grabadas.
El pico de contagios obliga reflexiones acerca de salud pública. No estamos preparados para enfrentar la pandemia. Si en Europa los hospitales resultaron insuficientes, en nuestro país el grueso de la población desafiará al coronavirus con paracetamol y oraciones. Como sugiere el presidente.
Las iglesias cancelaron sus celebraciones, gesto sólo visto durante la influenza de 2009 y la Guerra Cristera de hace casi cien años.
En un país de contrastes, la liga de futbol efectuaba partidos a puerta cerrada mientras 400 tapatíos –porque podían hacerlo– se iban a esquiar a Colorado; el gobernador anunció su cacería a través de redes sociales. La manifestación de síntomas y el contagio de la epidemia es cuestión de tiempo.
En días de guardar, la vida de aletarga en un paréntesis eterno. La recomendación más verosímil viene de un conocido por medio de un mensaje de chat. El trabajo desde casa (“Home Office”) sabe a bostezo. La única ventaja es que puede hacerse en piyama. Con miedo.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

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