Después de El Grito

 In Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

La parte alta de las fiestas patrias de este año ya quedó atrás en el calendario cívico.
La normalidad de la vida cotidiana se reinstala progresivamente y vuelven a su cauce tricolor las exigencias para el mexicano promedio, empleado, desempleado o estudiante.
La patria, convocatoria colectiva, texto de historia por leer y consultar desde la psicología cognitiva del mexicano, hecho, sentimiento y razón; la patria y su escritura en el devenir del corto tiempo constitutivo, la patria y sus cronistas, ciencia y literatura, sus amorosos y críticos desde José María Luis Mora, Lucas Alamán, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Fernando del Paso, José Emilio Pacheco, Santiago Ramírez, Samuel Ramos, José Vasconcelos, José María Muriá, Luis González y González, entre otros.
La patria como sentimiento de ciclo septembrino, como emoción y fervor, como pasión y desencanto, ahora entra parcialmente en modo reposo; nuestra mentalidad es así: impetuosos, festivos y luego la calma del trabajo, del calendario.
La patria y tú, la patria y yo, la patria y nosotros. Los paisajes que se han plasmado en la mirada, la tierra que nos sostiene, el aire que respiramos, la luz de sol que se derrama generosamente, la patria y sus desigualdades que hemos naturalizado al grito de ¡Viva México!
215 años pasaron ya de la gesta heroica aquella encabezada por don Miguel Hidalgo y Costilla, otros líderes y las masas populares que les siguieron.
El nacimiento de nuestra patria tardaría 11 años más de luchas con el costo respectivo de vidas humanas en los bandos insurgente y realista. En algún momento aprendimos que los abrazos en Acatempan eran la otra fórmula para detener la metralla.
Finalmente, el yugo colonial español terminaría por romperse y nuestro país soberano e independiente sería una realidad del siglo XIX, como lo sería en otros países de Latinoamérica.
La nación, la patria, la economía vulnerada, el advenimiento del neocolonialismo y nuestra posición de subalternos. Nuestro himno nacional santanista y la psicología inversa de la derrota.
La catarsis colectiva del deporte nacional como juego mercantil que convoca y como derrota siempre reafirmada, anteayer y antes de anteayer apenas la selección nacional de fútbol, el sábado la derrota del Canelo Álvarez.
Construirnos como nación, como Estado independiente, no sería tarea fácil, como tampoco lo es en el presente.
Los docentes en las aulas, como deseables garantes de una historia nacional objetiva y documentada; las niñas, niños y adolescentes como estudiantes acuciosos de un pasado que habla en múltiples lenguajes, ahora que oídos y ojos están colonizados, raptados, distraídos. De manera urgente, los mexicanos y mexicanas requieren emanciparse y hacer lectura crítica.
Los años de guerra y su impacto en la economía nacional, la inexistente unidad en la idea del proyecto de nación, obstáculos de amplio costo.
Septiembre de transformación del poder judicial, el grito 1 en el palacio nacional de la primera mujer presidenta, a corregir nuestros registros y sustituir a la corregidora Josefa Ortiz de Domínguez del ayer por María Josefa Cresencia Ortiz Téllez-Girón. Ojalá la historia fuera tan sólo asunto de ajustar nombres o de romper un largo ciclo de voces masculinas en el balcón principal de Palacio Nacional.
Los primeros años de vida independiente y la muerte por manos mexicanas de los padres de la patria Agustín de Iturbide (realista y emperador fallido) y Vicente Guerrero (insurgente traicionado por Bustamante), los costos del desorden político inicial, la patria como franquicia de logias.
La incesante lucha política entre liberales y conservadores y, allende nuestras fronteras, la amenaza real de fuerzas militares imperialistas como la misma España (1829), Estados Unidos (1836-1847) y Francia (1862-1864).
El siglo XIX y la llegada tardía de la Revolución Industrial, el santanismo y el porfirismo como mentalidades, los liderazgos militares y caudillistas como espejo de nuestro extendido estado de infancia inicial.
El proyecto de nación en el siglo XX, la Revolución y el entramado institucional respaldado en la Constitución Política de 1917.
Los revolucionarios y contrarrevolucionarios en las trincheras de siglas sindicales, confederaciones o partidos políticos mercaderes oportunistas de la necesidad de democracia.
La difícil defensa de la soberanía en el terreno falso de las mentalidades de algunos gobernantes.
El enriquecimiento de bolsillos de los apátridas con maquillaje de líderes sociales oportunistas. Voraces mercaderes en curules, que hicieron posible la permanencia casi centenaria de un proyecto político-partidista cada vez más lejano de las causas de la gente.
Los jueces y la ley contra los oprimidos. La impunidad maquiavélica de María Amparo Cassar y la tardanza del pago de impuestos, el activismo oral y twittero y el contramensaje patrio del evasor Ricardo Salinas Pliego, sus tempranas ambiciones políticas personales.
La patria y sus significaciones en el primer cuarto del siglo XXI, la ultraderecha internacional militante y los conservadores rogadores de intervención pactada, su contrainsurgencia y carácter de oposición sin convocatoria de las masas.
La bendita hipocresía (parafraseando a Erasmo de Rotterdam) de los vendedores de desinformación en redes sociales y medios masivos de comunicación.
El pueblo y las leyes que nos hemos dado, la libertad de expresión cuyo respeto irrestricto participa en la lucha por las mentalidades y la construcción-desconstrucción de la opinión pública: el payasismo tenebroso y venenoso de los asuntos serios de la realidad nacional.
Los enemigos internos y usufructuarios del estado de inseguridad pública y la enfermedad progresiva de una juventud flagelada por el fentanilo.
El ejército y el desfile. Las armas y la soberanía.
Nuestros educandos y sus desfiles comunitarios, la patria con corazón de niño y adolescente que trasciende.
Después de El Grito, el horizonte de una patria en movimiento, la necesidad de seguir haciendo justicia social, de construir suelo, cielo, mar y educación para estas generaciones que miran a veces con frialdad la historia sin ellos y los hechos históricos que les convocan a romper el yugo, las condiciones y amenazas que les flagelan.
Después de El Grito, el mito de Sísifo del patriota, la bandera tricolor bajo resguardo y la extensa cancha de la república donde hay que subsistir y tomar decisiones uno a uno y en conjunto.

*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

Start typing and press Enter to search