Desfiles

 In Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

El fervor patrio ya corre por la sangre; se manifiesta también en vehículos decorados que circulan entre baches y avenidas.
Alguien vende banderitas en las esquinas, en kioscos, algún comprador ocasional; la bandera se quiere y la patria se porta.
Algunos automotores de connacionales en ciudades estadounidenses y mexicanas ya lucen los tres colores identitarios de la bandera mexicana con su respectiva águila central característica.
Allá en el vecino país del Norte, ser mexicano es una etiqueta e impone en este tiempo de flagelo y persecución migratoria un despliegue del espíritu patriota y de resistencia; requiere de un despliegue institucional de compromiso, apoyo y materialización de abrigo dentro y más allá de nuestras fronteras.
El fervor patrio también ya se luce simbólicamente con sus arreglos a manera de vestido de ocasión en edificios públicos y en tiendas comerciales y plazas.
Los vestidos tempranos de la patria han sufrido inclemencias del tiempo y el viento y la lluvia los han hecho caer cual manzanas del árbol observado por Isaac Newton. Habrá que reinstalar y renovar; no es cosa de que el temporal o la inundación nos desnude tan fácilmente del fervor hecho manifestación pública.
También se siente ya en el clima social de las escuelas, y los dos honores a la bandera del lunes en este naciente ciclo escolar hacen alusión a las efemérides del momento aquel, del inicio de la guerra por la independencia.
En tanto, la patria susurra en otros lenguajes y se manifiesta institucionalmente en esa entidad federativa nacida en 1823: la dejadez freireana jalisciense que voló en avión, evidenciada por la llegada tarde del representante de la SEJ al edificio administrativo de la SEP en la CDMx (Coyoacán); nuestras maestras y maestros jaliscienses que merecían mejor trato y que desvelados(as) y sin viáticos para tlacoyo, llegaron en camión con recursos propios al evento de premiación, a la fiesta pedagógica presidida por Marx Arriaga (viernes 5 de septiembre).
El desfile de dos centenas de convocados a la ByC Normal de Jalisco –lugar escenario tradicional a mano–, escuchas cautivos de la última manufactura digital presentada por hacedores egresados de instituciones patito, malos ejemplos de científicos de la educación, buenos para suplantar, bautizar y hacer acrósticos, “El ahora sí vamos a investigar” o lo que sea que signifique el CoIPE, en el marco de una jornada nacional de participación ignorada y delegada a cada quien en la “Jornada de concientización sobre la gravedad del abuso sexual y el maltrato infantil” (8 de septiembre) para el mundo cuantitativo de las alumnas y alumnos de educación básica.
Cual arbolito de Navidad guardado en caja, despertamos en las fiestas patrias, en nuestra memoria, los iconos del padre de la patria y otros héroes de aquella noche del 15 de septiembre de 1810 y los subsecuentes 11 años de lucha; el parto del país que ahora somos, que ahora hacemos.
En los escritorios de las oficinas de los directores de las escuelas se encuentran ya los oficios e invitaciones que han hecho llegar las autoridades municipales para que escuelas y niños se sumen al desfile tradicional que engalana las fiestas patrias.
Más allá, los gobernantes, jinetes de la moderna democracia, típicamente con una educación pobre sobre la historia nacional, saldrán del paso y émulos actuados de Hidalgo darán El Grito, algunos luciendo ropas de marcas extranjeras y accesorios de diseño.
Los oradores, apenas oídos entre la estridencia y algarabía, se moverán; eso se puede anticipar en la medianía de un discurso coyuntural, aprovechando el modo festivo de sus pueblos: retóricos ensayados, improvisados de pasión patriótica, con voz ronca en sus mensajes y gritos.
En toda fiesta patria hay baño de pueblo e intencionalidad política, hay visión comercial y contemplación de masas, hay una ceguera momentánea en el resplandor de un juego artificial.
Los caballos, los charros, las chinas poblanas, los mexicanos y mexicanas de hoy de múltiples profesiones, aspiraciones y proyectos de vida, juntos en la celebración, juntos en el baile y la música, hacedores de la fiesta mexicana, hacedores luego del desfile.
La oda a la vida apoláustica y los consumos alcohólicos de menores y mayores de edad bajo el manto de una celebración catártica donde conviven buenos y malos, momento en el que se juntan sus miradas en el fugaz resplandor de un cohete, en la pólvora de colores de un juego pirotécnico, la comercialización extendida y oferta de bebidas, la plaza pública convertida en centro de concentración y de artistas a fortiori como los Aguilar planeados para el centro de Guadalajara.
Los ensayos de los contingentes de las escuelas, las bandas de guerra escolares y la historia mínima que rescata fechas y personajes. La disciplina, el uniforme, el banderín y la pertenencia, el ritmo de los tambores que sincroniza el paso del conjunto.
Ir a la escuela, participación comunitaria en los desfiles, la tradición anual intergeneracional.
Sudar, portar la bandera, marchar y amar a la patria. Hijos e hijas participantes, padres y madres contemplativos, comunidades reunidas en los flancos de la calle.
Las lecciones históricas y cívicas, las lecturas mismas de los educandos participantes como parte del escenario, otro nivel de identidad y conciencia nacional.
El libro de la historia nacional, la historia patria que se enseña desde el siglo XIX, la fuerza de la unidad nacional que se ritualiza, venerar a los símbolos patrios en las escuelas con mayor énfasis desde 1940, el pensamiento crítico en el lento camino de su apropiación.
El sentido educativo de la conmemoración de una fecha histórica, más allá de los rituales, de la historia de bronce, el largo camino del pensamiento científico sobre los hechos, el más largo camino al pensamiento crítico sobre nuestra historia y el rol vital que tienen los ciudadanos y las comunidades.
Las fuerzas armadas y la apropiación del escenario de los desfiles, que también tienen un simbolismo militar hacia dentro de la nación y hacia fuera.
La unidad nacional alrededor de la significación de la obra de los héroes constructores en el momento fundacional.
Las amenazas externas y nuestras propias cicatrices, la patria cercenada.
Las amenazas internas y nuestro panteón de los traidores propios de ayer y de hoy.
La increíble ruta de la traición a la patria que han tomado algunas fuerzas políticas y personajes en el Senado y diputaciones.
La vigilancia de una ciudadanía crítica que no puede tomar el destino histórico en sus manos por aviesas ambiciones particulares, de grupo o partidistas.
La patria y su orografía del odio clasista alimentado por emociones con curul; mexicanitos apátridas y golpeadores por sistema en los medios de comunicación donde se sabotea la patria al boicotear el derecho a la información.
Qué lamentables esas voces que se han apropiado de las dirigencias de algunos partidos y han ensuciado su hacer político por encubrir actos de corrupción personales y evasión de impuestos.
Los desfiles militares y la exhibición de las armas —qué remedio— para defender la soberanía nacional.
La Marina y el huachicoleo fiscal por clarificarse.
Los desfiles escolares, otra oportunidad de cultivar el amor a la patria desde el corazón y la inteligencia informada y participativa.

*Doctor en Educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

Comments
  • Gloria Lizaola

    Excelente panorama histórico, crítico, político, social y educativo . Texto de talla única, motivo para expresar la realidad popular de lo que se calla y simula en el revivir del patriotismo del momento.
    Muchas gracias

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