Cuestión de maduración

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Hace un par de décadas conocí a un vitivinicultor de un valle californiano. Al paladear las uvas señalaba el porcentaje de azúcar que contenía el lote. Era conocido entre los miembros del gremio porque las máquinas diseñadas exprofeso para medir el azúcar en los frutos jamás habían diferido de sus apreciaciones personales. Así que, afirmaban, era más expedito hacerse acompañar por él al campo que llevar muestras de uva al laboratorio. Su apreciación del porcentaje de azúcar la desarrolló tras años de dedicarse al cultivo de la viña.
Un poco al estilo de Immanuel Kant y sus puntuales rutinas, hay quien tiene la capacidad de detectar los tiempos y los procesos de maduración con la exactitud que confiamos únicamente a las máquinas. También es cuestión de ser tan experto en un campo como para diagnosticar qué es lo que sucede con las cosas o las personas, o con los componentes de determinados sistemas vivos o actuantes. Claro que esa experiencia requiere también de un largo proceso de aprendizaje y de preparación consciente, hasta llegar al momento en que se pueden emitir juicios informados y acertados.
En gran medida, suponemos que los docentes tenemos la capacidad de detectar si los aprendices están en posibilidad de aprender determinadas habilidades o de manejar y aplicar determinada información. Aunque esa suposición resulta falsa ante otras generalizaciones un poco exageradas: solemos pensar que, dadas sus edades, los estudiantes han madurado lo suficiente para realizar determinadas tareas o para resolver un cierto tipo de problemas.
La expresión “ya no te cueces al primer hervor” suele referir a esa maduración física que, como docentes, establecemos como criterio para suponer que los estudiantes han logrado la madurez psicológica y cognoscitiva para realizar tareas atingentes a nuestros cursos. La secuencia de cursos en las instituciones en las que nos desempeñamos supone que si los aprendices del oficio lograron cursar y aprobar el curso “1” estarán listos para comenzar el aprendizaje del curso “2”. En algunos casos, la familiaridad que tenemos los docentes con nuestros cursos es tal, que hasta nos parece natural que los estudiantes capten todas las informaciones y procesos que implica el estar presentes en nuestras aulas.
Los exámenes diagnósticos, o de ingreso a la institución y especialidad, e incluso los exámenes en determinados momentos del curso nos ayudan a saber si existe esa madurez en los estudiantes, además de ayudarnos a detectar nuestra propia eficiente como supuestos facilitadores del aprendizaje de determinadas áreas del saber. De cualquier modo, conviene de vez en cuando consultar a quienes realizan juicios acerca de las capacidades desarrolladas y por desarrollar de los estudiantes que recibimos al inicio de nuestros cursos.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

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