Cuéntame algo nuevo

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Ya sabemos que la humanidad no tiene remedio. O, si acaso lo tiene, no será en el corto plazo. Al paso que vamos, quizá nuestra autodestrucción llegue antes que nuestra toma de conciencia. En inglés hay una expresión para ese tipo de cosas, tan sabidas y sobadas: “what else is new?” Así que ya no nos extraña que, a pesar de las normas, leyes y contrapesos al poder, haya algún presidente, algún gobernador, algún alcalde, algún rector, director de escuela o gerente de alguna tienda que estén convencidos de que los recursos que debe administrar están ahí para que los mueva a su capricho, ¿para qué preguntar a quienes pagan los impuestos, o los votantes, o a los habitantes, a los docentes o a los estudiantes, si pueden consultar, según ellos, directamente la voz de los dioses.
Si vox populi, voy Dei, hay funcionarios concretos y burocracias abstractas que se saltan el paso de escuchar al pueblo, a los afectados y a los interesados, para sentirse los iluminados y declarar que ya los poderes divinos los han aconsejado y encauzado. Y no les preocupa que luego las leyes y otros representantes populares puedan convertirlos en indiciados y encausados, pues saben que muchas otras autoridades apoyan la lógica de que quien administra es quien manda. Por eso ya no es novedad que el rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa anuncie, sin haber realizado diagnósticos ni consultas, entrevistas ni encuestas, sesiones de consejo ni sesiones con expertos, que cierra la carrera de sociología en esa institución por la imponente e imperiosa razón de que “no está de moda”.
No es novedad, en este final de la segunda década del siglo XXI, que muchas de las decisiones en las instituciones escolares se tomen desde una lógica patrimonialista: “si yo lo administro es porque es mío”, es la lógica que subyace a algunas de las decisiones burocráticas y de quienes presiden, aunque no manden, determinados cuerpos colegiados. No es novedad tampoco la expresión de que “en arca abierta hasta el más justo peca” y parecería natural que en las instituciones escolares quienes administren se sirvan con la cuchara grande, contraviniendo la máxima académica conocida como “ley de Haddow” (de la que ya escribí antes: http://lrmoranquiroz.blogspot.com/2012/05/la-ley-de-haddow-y-los-faits-accomplis.html) que indica que quien consigue o administra los recursos debe facilitarlos a los académicos que los utilizarán en la docencia y la investigación.
El anuncio realizado por el rector de la UAS plantea la cuestión de si los seres humanos, las disciplinas académicas, las normas de convivencia, los usos gastronómicos, los estilos arquitectónicos, las tradiciones artísticas, la literatura, la caminata matutina, las tertulias (entre otras creaciones y rutinas humanas), deberán eliminarse y hasta proscribirse simplemente porque “ya no están de moda”. Una de las razones que sospechamos que está detrás de la decisión de ese rector es que la sociología, como escribió el sociólogo francés Pierre Bourdieu, es una disciplina que incomoda (a los poderosos, principalmente), por su constante cuestionamiento de lo que algunos quisieran naturalizar. Como aquella práctica tan “natural” e inveterada de que algunos administradores y gobernantes se tomen el pie cuando les dan la mano y se apropien de lo que deberían gestionar. Para ese rector y otros burócratas que piensan que “de la moda lo que te acomoda”, Bourdieu tiene algunas reflexiones que les vendría bien conocer en torno a la moda en su texto sobre alta cultura y alta costura.
Ciertamente, las decisiones arbitrarias tienen una larga tradición entre funcionarios que creen que pueden evadir las normas y estructuras institucionales. Aquí y en Sinaloa, entre otros contextos.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

Comentarios
  • Natalia Agnesi
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    Definitivamente es indignante ver como cada vez mas las instituciones, encabezados por dirigentes narcisistas, buscan inhibir la capacidad reflexiva, crítica e instituyente de la población. Basta poca inteligencia y un mínimo de observación, para darnos cuenta la urgencia de espacios para pensar e idear nuevas formas de nuestro ser y actuar social e individual.

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