Cuenta regresiva: entre el fracaso y la falta de estrellas

 en Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Estamos a pocos días de que inicie uno de los eventos más grandes que llama la atención de millones de personas: nos referimos obviamente al Mundial de Fútbol. Sin embargo, a diferencia de los mundiales anteriores, y pese al gran amor y fe que siempre la afición le ha profesado, no se tienen grandes expectativas para nuestra selección y se avecina, ojalá nos equivoquemos, un regreso pronto de tierras asiáticas.
Para que un posible fracaso se presente se deben considerar diferentes variables y factores que inciden y propician la situación: las fechas de realización del mundial, por ejemplo, que nos hace pensar que, de haberse realizado en meses anteriores, podrían haberse convocado o estado listo algunos jugadores que ahora no están disponibles. El director técnico es otro factor, junto con el sistema de competencia mediocre del país, la mala preparación o la falta de cracks, por referir algunos otros.
Y es en este último punto que quiero centrarme ¿por qué en un país con más de 120 millones de habitantes no es posible conjuntar a un equipo que sea sumamente competitivo? Es común, por ejemplo, encontrarse con historias de jugadores africanos, que representan a su país o a algún país europeo por nacionalización, que salieron de una comunidad que era sumamente pobre, que había sufrido hambre y que tuvieron condiciones deplorables y lamentables, pero había logrado cumplir el sueño de muchos. O el caso de muchos adolescentes argentinos y brasileños que provienen de barrios pobres y son comprados por equipos internacionalmente reconocidos. O el caso de Uruguay, que tiene una población menor a 4 millones y ha sido cuna de grandes jugadores y, algo que podemos envidiar, ha logrado ganar 2 mundiales.
Pero México no tiene historias de este tipo y esto es algo que resulta sumamente interesante: en la mayoría de las primarias, secundarias y preparatorias hay miles y miles de estudiantes totalmente apasionados por el fútbol, soñando con jugar en equipos de talla internacional, así como con jugar con la selección un día, pero, a diferencia de otros países en los que hay buscadores que descubren talentos jóvenes, en México se visualiza difícil, prácticamente imposible, que muchos de estos menores logren cumplir su sueño, pese a que todos hemos visto o conocemos a un infante con una forma de juego destacable; para muchos de ellos que viven en condiciones de pobreza, el fútbol, como para los brasileños y argentinos, tendría que ser una vía de salida para sus necesidades económicas. Obvia y lamentablemente, son pocas las escuelas que fomentan este deporte, o que busquen generar condiciones para el desarrollo de una mentalidad triunfadora; de hacerlo estarían abarcando el desarrollo de diversas competencias.
A diferencia de los infantes y adolescentes africanos pobres, los menores mexicanos tendrán pocas posibilidades de debutar en un equipo y, menos, de participar en un mundial: la corrupción, el nepotismo, los altos costos económicos por pertenecer a una escuela o filial y la falta de buscadores y oportunidades serán unos de sus impedimentos.
Pero, lejos de este escenario poco propicio para fomentar el crecimiento de las futuras estrellas, deseamos de corazón que nuestro equipo tenga un papel digno y decoroso: confiemos que así sea, como país, como aficionado, lo necesitamos. Vamos México, no regresen pronto.

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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