Crecer y la responsabilidad

 In Marco Antonio González

Marco Antonio González Villa*

Crecer no es fácil, así como inevitable. Rogers, el psicólogo humanista norteamericano, señalaba que la muerte no era lo único seguro que nos iba a pasar en la vida, lo cual es una experiencia que se vive o sufre una vez, pero crecer, al menos biológica o físicamente, iba a ser una experiencia permanente, continua y sí, segura.
Crecer es el sueño de muchos niños y niñas, así como de algunos adolescentes; lo asocian con ser grande, con ser fuerte, con tener dinero para comprarse cosas o con tener libertad para hacer lo que a uno le plazca; obviamente, vemos aquí una mirada tierna e ilusa, ya que, por desgracia, muchos de ellos y ellas, por sus decisiones o por sus condiciones sociales, no lograrán tener el dinero que soñaron, ni la libertad a la que aspiraban. Aunado a ello, y de forma irónica o paradójica, cuando finalmente se ha crecido, muchos desean estancarse en una edad o sueñan ahora con épocas pasadas y poder volver a esas etapas.
Definitivamente, y sin un afán o intención de romperles su inocencia y visión cándida, lo que es un hecho es que crecer va de la mano del incremento de la responsabilidad, lo cual es algo que muchos no se esperaban, aunque resultaba lógico pensarlo. En situaciones normales ideales, alguien se hace responsable de la manutención, alimentación y cuidados de las y los menores de edad, pero, una vez alcanzada la adultez, se espera que las personas, ya no menores, tengan y muestren autonomía e independencia, que ya se cuiden solas y que empiecen a hacerse responsables económicamente de sí mismas.
Y con mayor edad, con mayor crecimiento, las personas maduras socialmente empiezan a hacerse responsables de las siguientes generaciones; es una de las características de la etapa VII, generatividad vs. estancamiento de Erikson: quien cuida y se hace responsable de alguien más denota y evidencia resolver adecuadamente las crisis de la etapa madura de la vida. No obstante, cada vez encontramos más casos en los que las personas deciden mantener el estilo de vida de una edad, negándose a crecer, pero con ello también negándose a ser responsables de alguien más: muchos y muchas adultas que abandonan a sus hijos son un ejemplo; algunos proaborto lo son por no hacerse responsables de alguien más, ni de su sexualidad; adultos que siguen en la fiesta eterna, aunque el cuerpo ya no tenga el mismo aguante ni forma; políticos que ven sólo por sí mismos y no por las personas que representan son otros lamentables ejemplos.
Crecer implica perder y duele también; dice Rogers que es parte de: perdemos la inocencia, tiempo para jugar, el gusto por los juguetes, las fiestas adolescentes, la libertad al momento de casarse, vivir en pareja o tener descendencia, pero así formamos a personas fuertes, capaces de ser responsables de alguien más. Quien crece y no es responsable de alguien más, hijo, hija, pareja, padre, madre o familiar, definitivamente no creció y no maduró. Me hago responsable de mis palabras, por si alguien piensa diferente.

*Doctor en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx

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