Contradicciones de los CTE a la NEM
Carlos Arturo Espadas Interián*
En una república, los estados son libres y soberanos; sin embargo, en nuestro país, las variables históricas, así como la adopción de la centralización, característica del proyecto de nación de los conservadores, por los liberales, se posicionaron como elemento constitutivo del proyecto de nación mexicana y se filtraron a todos los ámbitos de la vida nacional para adquirir diversos matices con un denominador común: la unilateralidad de visiones y acciones, es decir, la eliminación del elemento participativo y colaborativo de la comunidad o sociedad.
Desde las raíces históricas de la herencia de la colonia y configuraciones subsecuentes, hasta la incorporación de ideales estructurales de gobierno copiados de otras naciones e idearios propios de las logias y de la Revolución Francesa, fueron, al igual que en Francia, inmediatamente inoperantes y contradichos.
La Nueva Escuela Mexicana (NEM) pretende ser crítica, inclusiva y demás; sin embargo, al ver los trabajos intensivos de los CTE, nos damos cuenta de que hay actores de la comunidad escolar que permanecen fuera de los trabajos, como si no existieran e impactaran tanto en la educación como en la operación de los centros. Trabajos centralizados.
Materiales de la federación, con elementos contradictorios en lo referente a leer la realidad, colocándose énfasis en lo “interno” del magisterio y con ello se anula la riqueza del ejercicio, imposibilidad en la mayoría de los centros por trabajar aspectos innovadores –que no creativos–, por falta de recursos, entre otros el económico, porque pareciera que al Estado mexicano se le ha acabado el dinero para financiar a las escuelas, no solo de básica, sino de todos los niveles, incluyendo las de nivel superior.
En otros centros, la ausencia de conceptos-visiones compartidas en los cuerpos docentes que diversifican lenguajes sin llegar a acuerdos de impacto, acompañados de liderazgos que en ocasiones se mantienen ausentes, fomenta en vez de gestionar conflictos, anula y desprestigia a sus propios equipos de trabajo con apariencia de mantenerse al margen o simplemente estar muy “preocupados” por lo que sucede en sus centros de trabajo.
Una estructura inoperante que no puede realmente asegurar, acompañar y orientar al profesorado mexicano, por más voluntad y entusiasmo que se presente. Así ese entusiasmo en algunos profesores y profesoras de nuestro país comienza lentamente a decrecer cuando ven que el modelo educativo es convertido por el mismo Estado en letra muerta, cuando las condiciones en algunos centros escolares contradicen las aspiraciones oficiales y los entornos socioculturales y económicos se mantienen al margen de las necesidades, no solo educativas, sino de niños y jóvenes.
Al parecer, nuevamente esta administración, al igual que la anterior y que otras muchas en la historia de este país, quedará a deber en el terreno educativo de básica (inicial y subsecuentes), media superior y superior de nuestro país.
*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com