Contra el feminismo que polariza

 en Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

Esta próximo un día más del día de la mujer.
Esta ocasión está aderezado porque un día después se convoca a un inédito paro nacional para concientizar sobre la violencia en contra de las mujeres, curiosamente ahora con el respaldo de algunos actores políticos, empresariales y de gobierno.
El tema feminista en paralelo se torna agenda nacional, debate público, consigna de grupo y de partidos. La cantidad de feminicidios (crímenes de odio contra la mujer) es problema multicausal y presenta como otros indicadores de inseguridad una tendencia de incremento sostenido en los últimos años.
La lucha contra la violencia en contra de las mujeres requiere de la sensibilidad y compromiso de todos los mexicanos, requiere de mejora de las condiciones socioeconómicas y de reingeniería del sistema de justicia, requiere del debate legislativo y de la reforma de los códigos penales, requiere de la construcción de una Pedagogía de la convivencia en los entornos escolares, entre otras acciones.
Educar a las mujercitas en la resiliencia y en la asertividad, educar a los hombrecitos contra la cultura machista, son objetivos permanentes.
La formación de la cultura feminista participativa, crítica y solidaria a la causa del desarrollo nacional también es un asunto escolar.
Las mujeres de hoy pueden manifestarse y gritar en voz de cuello su coraje, el derecho de manifestación es una garantía constitucional.
Pero también, es deseable, que el enojo no nuble la mirada, ni justifique revanchismos infructuosos; es deseable que no busquemos falsas luchas de contrarios donde hay que plantar la solidaridad.
Es deseable que el movimiento por el derecho de la mujer a una vida libre de violencia sea un tema compartido y no sea botín de aviesos fines políticos oportunistas e hipócritas.
Educar a las nuevas generaciones es una posibilidad de atenuar el flagelo de la violencia contra la mujer, de la violencia de clase contra los que menos tienen.
A los niños hay que formarlos en el sentido de comunidad, formarlos en actitudes y lenguaje paraverbal, formarlos en el respeto y la igualdad. A los niños hay que enseñarles que las tendencias a la agresividad y a la violencia son aprendidas.
A las niñas hay que educarlas en la descolonización de su lenguaje, prepararlas para sus relaciones humanas con los niños, fortalecer su sentido de valía, de autoestima y reconocimiento.
Educar las niñas y mujeres adolescentes en aspectos de educación emocional como la autoestima, competencias cognitivas, habilidades blandas, educación para la salud, sexualidad y la toma de decisiones, por enunciar algunas líneas de trabajo en las aulas.
La educación básica tiene que formar a niños, niñas y adolescentes en el valor del respeto entre géneros, en la perspectiva incluyente, en la convivencia empática.
La sociedad adulta con responsabilidades de paternidad, maternidad o con obligaciones educadoras tienen que formar en la práctica de la tolerancia y convivencia saludable.
Tienen que tomar distancia del lenguaje confrontador y generador de subjetividad y prejuicio en el que se atrincheran algunos comunicadores.
La mujer y el hombre son parte constitutiva de la especie, juntos han construido la calidad de civilización que hoy tenemos. Juntos y de la mano pueden proyectar la salida de la actual barbarie en la que deviene la vida en las ciudades.
Nos ha costado librar juntos demasiadas batallas para hacer realidad jurídica el ideal de igualdad sustantiva entre hombres y mujeres.
La igualdad relación está en ciernes.
Los rezagos de la sociedad en materia política, social y económica con respecto a la mujer son muchos. Pero el rezago no sólo es con ellas, la explotación y la marginación no son asuntos explicables solo por la variable de género.
En el modo de producción capitalista ambos géneros son igualmente explotados. El sistema de explotación rapta expectativas de vida, posibilidades de calidad de vida, rapta el tiempo de juego y de educación en el entorno familiar, rapta seguridad en los espacios de calle y de convivencia colectiva.
Cuidemos que no rapte el sentido de protección recíproca y de colaboración, de potenciación de aptitudes mutua.
Enfrentar a los géneros puede ser una cortina de humo más para distraer de los verdaderos problemas donde se requiere del talento, las manos y el corazón de hombres y mujeres.
Enfrentar a los géneros detrás de tribunas, grafittis y bajo la mirada atónita de El Ángel de la Independencia, puede ser la indeseable y vieja práctica del primitivismo político de a “río revuelto ganancia de pescadores”.
No atizemos el fuego del desencuentro.
La causa del feminismo no es asunto de fuerzas conservadoras u oportunistas reprobadas en cultura ética.
A fines de la década de los cincuenta se hizo realidad el voto para la mujer, a mediados de la década de los setenta se genera un movimiento social de impacto fuerte, el movimiento de liberación de la mujer.
La emancipación es el objetivo social necesario.
La transición de sociedades rurales campesinas a sociedad mexicana urbana ha multiplicado los problemas, ha impactado la calidad de la convivencia y la viabilidad del encuentro entre grupos sociales y personas.
Progresivamente se conquistan derechos que son de elemental justicia. Pero no confundamos las causas legítimas con enojo irracional y anarquía.
Vandalizar El Ángel de la Independencia o pintar El Palacio Nacional no serán solución ni contribuirán a la visibilización de la causa.
La violencia es un flagelo en el cual las autoridades de los tres niveles de gobierno se ven rebasadas, también rebasa y hace copartícipe voluntario o involuntario a la familia.
La violencia es un fenómeno multicausal que no será resuelto con marchas y con indignación, con una guerra entre sexos. Pensemos más proactivos e inteligentes algunas alternativas, edifiquemos juntos la ruta de salida.
Hay crímenes que cimbran lo más profundo de nuestro ser como ha sido el caso de la menor Fátima, lamentable evento cuyos responsables ya rinden cuentas a la justicia, pero hay que tomar distancia del evento y evitar hacer juicios lapidarios que enrarecen el necesario entendimiento.
Los partidos políticos conservadores, atrapados en el revanchismo y con visión a la elección de 2021, ante la ausencia de argumentos y plataforma ideológica naufragan y toman la causa feminista como tabla salvadora para atizar la confusión.
Los partidos son instituciones políticas con personas que aspiran al poder político, esa confrontación twitera tiene sentido para sus fines. La sociedad mexicana tiene que discriminar el fondo del problema y sumarse a su solución.
Mesura, prudencia y espíritu democrático para manejar los temas coyunturales, para respetar la causa justa de la mujer.
Los feminicidios son inaceptables. La politización del tema también lo es.
Esta sociedad nuestra tiene que trabajar en equipo, tiene que renovar el pacto social, tiene que reivindicar el rol de la mujer en el ámbito de la familia, la escuela, en los ámbitos social y económico, en el ámbito religioso que cultivó un tipo de mentalidad colectiva que consensa la dominación y sostiene una estructura de explotación patriarcal.
Renovar mentalidades no sólo requiere de protestas coyunturales. Desestructurar culturas del silencio y la marginalidad nos llevará tiempo, pero en la sociedad mexicana requiere de sumas y no de divisiones.
Es claro que la paridad de género en los partidos políticos y en las cámaras es un gran avance para fortalecer la representatividad política, pero es claro también que el ejercicio del poder no se encuentra en el género.
Gritar, apuntar con dedo acusador personajes públicos, pintar paredes de edificios patrimonio nacional sólo expresa un resentimiento ancestral falocentrista y desde la visión Freudiana un complejo de castración social hecha bandera de masas.
Sor Juana Inés de la Cruz, Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Louisa May Alcott, Frida Kahlo, Simone de Beauvoir, la Madre Teresa de Calcuta, Agnes Heller, Rosa Luxemburgo, Golda Meir, Gabriela Mistral, Eva Perón, Margaret Thatcher, Rosario Castellanos, Marie Curie, Maria Montessori, Rigoberta Menchú, Malala Yousafzai, por mencionar algunas biografías destacadas que han hecho de las luchas por la emancipación femenina acto creativo y propuesta.
62% de mujeres votaron e hicieron posible el cambio en 2018; ellas ahora, género politizado en proceso de transformación, están haciendo posible la lucha anticorrupción.
Por su peso electoral las mujeres están siendo objeto de deseo para el retorno de las cosas a una reversa pseudemocrática.
Ojalá que las mujeres de hoy, más preparadas y participativas resistan al canto de sirenas de las voces conservadoras que forman parte de la verdadera dominación.

*Doctor en educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

  • Marien Pinchado
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    Nos crean confusión para poder manipula. Entonces se pierde la.”libertad” que tanto se grita

  • Patricia Arellano Zataráin
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    Totalmente de acuerdo. Tantos puntos importantes que rescatar de aquí y hacerlos virales como la propaganda contraria lo hace.
    Felicidades!!!

  • Édgar Omar Rodríguez Espino
    Responder

    Concuerdo con la óptica del autor. La exigencia de parar con los feminicidios y la violencia contra la mujer ha sido contaminada con fines políticos. Espero que nuestras mujeres mexicanas y la sociedad en sí, logremos discernir un movimiento genuino a uno manipulado.

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