Condiciones institucionales para implementar una reforma educativa

 en Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Toda reforma educativa surge desde las esferas o el ámbito gubernamental, sus búsquedas están pensadas para el cambio y aquí surge la primer paradoja, ¿cómo se pretende cambiar con una reforma desde espacios que no lo hacen?, convencionalmente en la esfera gubernamental se ubica la parte dura del sistema, la rigidez y la prescripción están ahí, dicho espacio no está abierto al cambio, menos aun a recibir e integrar innovaciones.
Los cambios se generan y se llevan a cabo con mayor facilidad en las partes más blandas y flexibles del sistema, éstas se encuentran en los márgenes, en los puntos más alejados de la parte dura del sistema que se encuentra en la esfera gubernamental o en instancias vinculadas con espacios de poder. Aquí surge la segunda paradoja, ¿cómo hacer transitar el cambio de la parte dura a la parte blanda del sistema, cuando la parte blanda es la zona más dispuesta a cambiar y la parte dura la que se resiste al cambio?
Las y los docentes realizan la tarea educativa entre zonas duras y blandas, las cuales no son fácilmente identificables, aspectos duros del sistema están en la exigencia de cumplir con planes y programas de estudio apegados a los tiempos y a los contenidos, otro aspecto duro es asistir a las reuniones mensuales del Consejo técnico escolar pero con un aspecto blando que reside ahí mismo, es la dinámica que le imprime cada escuela o cada zona escolar a dichas reuniones; los acuerdos que ahí se toman y la forma de sacarlos adelante sin que la autoridad controle o regule dicha dinámica.
Esta distribución del sistema educativo al dividirlo en zonas duras y zonas blandas (y zonas intermedias), permite conocer junto con la disposición desde donde debe surgir el cambio y cuáles son las partes que se resisten al mismo.
Debido a ello, es preferible pensar en la génesis y punto de partida de toda iniciativa de reforma educativa desde los márgenes del sistema, la parte más dispuesta a cambiar y a asumir las consecuencias del cambio.
Hoy en día la iniciativa de reforma educativa ni siquiera se ha instalado en la parte dura del sistema, sigue en la fase de negociación entre grupos y agencias del poder, ahí existe la perversión de que la racionalidad que mueve a dichos grupos son intereses políticos, ni siquiera el deseo de cambiar o de resistirse a ello, sino el de no ver afectados sus intereses políticos de grupo, basados en el control o el dominio de una serie de posiciones geográficas de zonas escolares o niveles educativos, entre otros aspectos.
La cultura escolar sobre la cual nos movemos desde hace muchos años, nos ha demostrado que existen una serie de obstáculos para poder desplegar una reforma educativa en serio, ¿qué debe cambiar en ella para que nos permita poder hacer avanzar hacia la reforma que queremos?, y cuando hablamos de “la reforma que queremos” de quiénes estamos hablando, es decir, ¿quiénes somos nosotros y cuál es el deseo verdadero de una reforma igualmente seria, verdadera y de largo aliento?

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. mipreynoso@yahoo.com.mx

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