Canibalismo profesoral institucionalizado

 en Carlos Arturo

Carlos Arturo Espadas Interián*

El disfrute del trabajo docente, académico, sin duda alguna es uno de los placeres intelectuales que va acompañado de una labor socio-cultural-civilizatoria fundamental para la especie humana, sin embargo, los recursos limitados para este sector, independientemente del nivel educativo del cual se trate, a la par de estrategias ideadas, operadas y mejoradas continuamente exprofeso para dividir, neutralizar, desgastar, entretener y propiciar desunión dentro del profesorado mexicano, propician escenarios complejos para la convivencia humana al interior de las instituciones (desde hace décadas y más en gobiernos con proyectos privatizadores).
Esta configuración del ambiente institucional, se ve complementada con lógicas de credencialización, negociaciones de poder en todos los niveles y ámbitos (grupos de poder entre los mismos profesores, sindicatos, secretarías…), racionalidades técnicas que se convierten en racionalizaciones, recortes presupuestales y muchas otras más; de forma tal, que se configura una realidad sociocultural-económica-histórica y humana.
La selección natural cobra sentido en ambientes disfrazados por cursos, talleres, capacitaciones, políticas de convivencia escolar, cultura de la paz y otros discursos, proyectos y acciones retomados del discurso dominante meta-nacional que predominan el ámbito internacional.
Así, se establecen reglas arbitrarias, trasgresoras de los derechos laborales que se materializan en las instituciones escolares trasformadas en campo de batalla donde se propicia el canibalismo institucionalizado entre el profesorado. En palabras llanas: se propicia que los profesores se despedacen entre sí y con ello se “entretengan” para no pensar en problemas de fondo que tienen que ver con las estructuras: cultural-escolar, económico-ideológico y de sometimiento social hacia los grupos humanos con los cuales trabajamos.
Este canibalismo es posible, porque nuestra sociedad declarada (en un discurso vacío, sin sentido y fundamento) igualitaria; da pasos agigantados hacia el desfiladero del darwinismo-relativismo exacerbado, donde domina la selección natural, el más fuerte-preparado, agresivo-descarado, ambicioso-deshonesto.
Donde no importan los medios, sino el fin (desde la lógica maquiavélica); donde es válido como triunfo, que traducido significa pisotear a otros, ambicionar hasta no tener límites, porque eso nos han enseñado que es conformismo y está mal estar a gusto con lo que se tiene.
Tener aspiraciones no es el problema, sino los tipos de aspiraciones que se supeditan a lo material y producen la animalidad del ser humano al pasar sobre otros para conseguirlo, porque recordemos, la materia es limitada, al menos en su estado físico, como materia y si es limitada y finita, significa que para que alguien tenga algo, alguien no lo tiene, por ello la riqueza material genera necesariamente pobreza.
Además de la depredación del profesorado, que por cierto es permitido dentro de los marcos normativos institucionales; también podemos hablar del medio ambiente. Es decir, considerar que merecemos, que tenemos derecho por encima de todo lo que existe, es peligroso porque además de depredar, justificamos, por ende, tenemos la consciencia tranquila y con ello la imposibilidad de cambiar.
Como educadores debemos estar conscientes de ello, incluso si vamos en contracorriente de los discursos dominantes y de las ficciones que nos venden, construyen y reconstruyen a cada instante a nivel planetario.
Recodemos, los educadores, entre otras funciones, tenemos la de preservar la civilización, la cultura y sobre todo a nuestra humanidad.

*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com

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