Calla y aprende: ¿una sola visión educativa desde la distancia?

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Comunicaciones y aprendizajes que en generaciones anteriores requerían de largos periodos de tiempo, en nuestras sociedades son posibles en pocos minutos. Hace algunas décadas, cuando comenzaron a aparecer las cámaras de video, se tuvo la ilusión de contar con una televisión más interactiva y participativa, que haría que esas comunicaciones se hicieran en tiempo real, pero el desarrollo no se dio así. Quizá por la lógica de empresas “emisoras” y “transmisoras” enfocadas en hacer que la gente recibiera información en vez de procesarla y responder a ella. Sería sólo hasta que se estableció la internet cuando se logró la interacción en al menos dos sentidos. Los emisores dejarían de enviar información a receptores pasivos.
Durante muchos años se ha criticado esa posición de la educación que supone que los estudiantes son simples receptores de información que ya en algún momento tendrán que aplicar. Y se excluye la posibilidad de diálogo inmediato. Primero recibe mucha información, horas o días más tarde ya veremos si algo se te quedó, parece prescribirse al estudiante. Con las tecnologías actuales, la televisión como simple emisora ha decaído en importancia y ya no es un aparato que esté presente en todos los hogares con el ascenso en el uso de las computadoras. Con un aumento aun más considerable en el uso de minicomputadoras que incluyen un teléfono y uno o varios lentes para captar y luego enviar imágenes fijas o continuas.
Hace unos días, una sobrina se comunicó conmigo a través de una de esas cámaras de video para que entre los dos desentrañáramos el misterio de cómo usar una cámara réflex. Había intentado encontrar respuesta a sus dudas por medio de videos en internet, hasta que decidió que podríamos resolverlo entre los dos. Pudimos decidir qué operaciones serían necesarias para necesidades específicas. Sin meternos en teoría de la luz y en problemas de diafragma y velocidad del obturador, sensibilidad de las películas o condiciones de iluminación.
En nuestra comunicación mediada, no hicimos un curso completo de fotografía. Resolvimos algunas necesidades específicas para que ella utilizara la cámara réflex para promover su negocio de comida. El tipo de operaciones abordables en un taller práctico de fotografía, que pudimos resolver en unos cuantos minutos gracias al uso de otra tecnología, las pantallas de nuestros celulares, en una interacción directa e instantánea, a pesar de los cientos de kilómetros que separan nuestras vidas cotidianas.
Algo tan simple escapa a quienes proponen que, ante las condiciones de distancia física por la pandemia y la escasez de computadoras con internet en los hogares mexicanos con niños en edad escolar, se impartan clases por televisión. Siendo más probable que exista una televisión tradicional, se propone el manejo centralizado y desde una perspectiva de emisión, pero no de diálogo e interacción. Se producirán programas estándar, para todo el país, que se transmitirán desde empresas dedicadas a la comunicación con fines comerciales y de entretenimiento.
De algún modo, por razones que desconozco, se ha olvidado que en varios estados de la república existen los centros de producción educativa audiovisual que, al menos en sus documentos de fundación, los vinculan con necesidades locales, regionales y de los niveles específicos y los complementan con la posibilidad de interacción directa con los estudiantes. En ningún momento se ha propuesto (ni negado, afortunadamente) que los estudiantes puedan interactuar con los emisores de la información y que no tengan que esperar a que les digan que resolvieron incorrectamente algún planteamiento, sino que se traten los detalles en problemas específicos en momentos concretos, que vinculen lo aprendido con operaciones a corto y a largo plazo.
Habrá que evaluar, en algún momento, si la televisión tradicional por sí sola logrará resultados en una época en que los estudiantes son más proclives a tener opciones de acceso a la información y a la comunicación más inmediata de problemas concretos y no derivados de una lógica de un mismo menú para todos, sin importar sus inquietudes, nivel de preparación y diversidad de intereses. Mi apuesta sería por complementarla con llamadas, asesorías e interacciones más directas, aun si resulta imperativo evitar la red mundial de la internet.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

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