Calificaciones ¿sin dudar?

 en Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada*

Reformas educativas vienen y reformas se reforman y ciertos cuasi-dogmas permanecen sin cuestionarse. Varios ejemplos: Las asignaturas con las cuales se organiza la enseñanza, las horas lectivas diarias necesarias para aprender, los días lectivos al año necesarios para cursar, las calificaciones para ubicar la mayor o menor idoneidad de lo aprendido, la decisión de enseñar-aprender en grupo, y otros.
Me detengo en las calificaciones. Se fundamentan en la necesidad de tener una medida del desempeño de los estudiantes. Antiguamente se asignaban cada semana según cuatro clases de desempeños: Conducta, Aprovechamiento, Aplicación y Asistencia y puntualidad. Así, se media el comportamiento disciplinado, cuánto se aprendió respecto de lo esperado, la dedicación independiente del resultado de ésta, y el interés y la constancia del estudiante medida por la presencia en el salón de clases y la llegada al mismo en la hora estipulada. Todo, según el parecer del o la docente encargado/a de un grupo. Se entregaban al estudiante y debía regresarla con la firma del padre o tutor responsable de la familia. Además, cada mes se entregaba la calificación del aprovechamiento asignatura por asignatura, incluida la “cultura física”, el inglés y la ética. Desde luego la calificación mensual era precedida del examen temático de cada asignatura. Ahí salían desde los 10 hasta los “reprobado”, a veces con un “0” de calificación para vergüenza del acreedor a tal sanción.
Hoy se usan otros modos. En primaria está prácticamente prohibido reprobar, en algunas escuelas se usa un reporte bimestral sobre el desempeño, las actitudes, los comportamientos sociales, algunas cualidades registradas por los docentes y la participación en las actividades extra fuera del salón. Existen más modos. Todos para “calificar el desempeño” de los/las estudiantes. Es una consecuencia de la cultura numérica de nuestro tiempo. Le creemos al número y no lo que representa de cualidades o defectos o excesos o insuficiencias. Hubo un “interregno” hace unos años con un gobierno de discurso innovador y mandó calificar con palabras equivalentes a los números: Muy bien (MB), Bien (B), Suficiente (S), Insuficiente, en un intento de salir de la medición hacia la significación. Se desechó pues la práctica era identificar números y escribir en los documentos las letras, es decir, simulación.
Algunos colegas docentes han dicho que no se puede reprobar a los estudiantes, en especial en primaria, porque quien se atreva se expone a una denuncia de los padres/madres por lastimar los derechos humanos del reprobado, pues se va a la escuela para aprender y si reprueba es signo de profesores inhábiles o ineptos. Es un signo de ruptura del supuesto que asume calificar como modo de decidir el aprendizaje. ¿Qué puede sustituir a la calificación para constatar el aprendizaje del aprendiz? ¿Quién se anima a proponer? Implica una transformación en la cultura escolar.

*Doctor en Filosofía de la educación. Profesor emérito del Instituto Superior de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). mbazdres@iteso.mx

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