Apabullantes triunfos

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Aunque no podemos decir que en nuestros barrios jaliscienses haya habido mucho apoyo a la nueva opción presidencial, es un hecho que en menos de seis meses tendremos en el país un personaje ya conocido en la oposición, a los gobiernos del PRIAN y sus satélites. La noticia se da en una época en que el equipo de México logró derrotar además al equipo de futbol cuyo país detentaba el campeonato del 2014. En el momento en que redacto estas líneas, mucha gente está feliz por las dos cosas, otros muy enojados o tristes por el triunfo de López Obrador y angustiados por el futuro de la selección mexicana. Y hay otros que seguirán anestesiados sin pensar en qué pasará con el equipo nacional o con la nación. Y que quizá tampoco se planteen qué implica para sus barrios, sus familias y sus proyectos individuales.
Cabría, de cualquier modo, preguntarse qué pasará con la educación en el sexenio que está por inaugurarse. ¿Habrá más apoyo a las escuelas? ¿Se modificarán las líneas de la reforma educativa que lanzó el régimen saliente? ¿Habrá inversión en investigación científica y tecnológica? ¿Significará que nuestras escuelas estarán mejor equipadas y los profesores mejor pagados? ¿O simplemente el partido y el personaje en el poder han cambiado para que las cosas puedan seguir igual?
Las preguntas más amplias que enmarcan los cuestionamientos respecto a la educación son las que remiten a los temas de campaña: la promesa de seguridad y el combate a la corrupción. ¿Habrá mayor seguridad en las escuelas y en sus entornos? ¿Disminuirá la posibilidad de que los estudiantes y trabajadores de las escuelas sean víctimas directa o indirectas del narcotráfico? ¿Mejorarán las condiciones de los contextos en que se ubican las escuelas? ¿Se acabará la corrupción en las burocracias de la educación? ¿Será el sindicato un mejor aliado de los profesores sin alentar la corrupción, el amiguismo, el nepotismo o el clientelismo?
Muchos pediremos que este nuevo gobierno cumpla sus promesas. Lo que no sabemos es si seremos escuchados y si el régimen conservará la memoria de sus promesas de campaña. ¿Realmente se venderá el avión presidencial? ¿Se retirará la pensión a los expresidentes? Y si realmente se canalizan los recursos a las necesidades populares: ¿será más fácil, rápido y barato llegar a las escuelas? ¿Será más seguro el contexto de la enseñanza? ¿Mejorarán las condiciones de los implicados en la educación? ¿De qué manera podremos asegurar que las escuelas de todos los niveles se cristalicen la promesa de “hacer historia” en vez de repetirla haciendo que todo sea como ha sido hasta el momento?
Se ha señalado que el margen que llevó al triunfo al nuevo presidente y a muchos otros representantes en el senado y cámara de diputados no tiene precedentes en la historia reciente. Pero eso no debería ser el final de la historia, sino el principio. Para poner atención en lo que pasará y si no pasa lo prometido el problema puede derivar en una enorme decepción y en un enorme fiasco en el contexto educativo y quizá en varias esferas más de la vida social. Como dice una de mis más queridas amigas: “tiempo al tiempo”. Ya veremos qué pasa: si el equipo de futbol llega a campeón y el nuevo presidente logra cristalizar lo prometido en campaña.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

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