Amantes

 en Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

La sexualidad es un deporte que se lleva a cabo sin reglas. Éstas se definen por los propios practicantes “in situ”.
Detrás de cada beso hay una abuela con una restricción severa y una cantaleta moralina y hay también un programa de cable con posiciones sugestivas que fabrica lascivia. La síntesis es acometida bajo los parámetros de la furia. Siempre hay un cine, un coche mal estacionado, una salida furtiva de algún Conalep bien ubicado…
Los amantes se besan a solas como enfermos terminales tras una gota de vida.
La civilización humana se resume en una mano debajo de la blusa. Un temblor de la piel. Una culpa. Los amantes conquistan los territorios del cuerpo, descubren ínsulas, fomentan cartografías.
El mal se queda aparte. El odio se esfuma en aspaviento diagonal. La compasión triunfa. El ser humano está por fin justificado. La manzana del Edén merece la mordida.
Nuestra especie se sustenta en el poder de la atracción. Los cuerpos se buscan, se encuentran, se completan. Platón lo describió con el mito de la media naranja. Para Platón el amor es una propensión hacia el otro. Una necesidad carnal sin la cual el humano es un ser lisiado, apenas en proceso de sí.
El celibato es una negación de la naturaleza cuya medalla es celestial. Sólo los monjes (y a veces ni ellos) son capaces de una renuncia cuya sublimación se halla en el desdén del mundo. No parece mortal.
La literatura comienza con una pasión que desencadena una guerra. La destrucción de Troya es culpa del amor. Occidente se construye bajo esa certeza. Por eso se encapsula, condiciona, determina.
Capaz de obras como el Taj Mahal o de historias dignas de corridos y de balazos, es nuestro principio y razón. Adán y Eva pueblan la tierra. Romeo y Julieta viven su pasión en la muerte. Dante recorre el infierno sólo para tocar la mano de Beatriz. El amor es digno de relato y edificación, de premio y de castigo. De la vida y la muerte.
Los amantes obedecen a un sino. Cumplen una profecía. Y en su destino se reconocen. Se dimensionan. Asumen una identidad: encuentran la razón de su existencia.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalenci@subire.mx

Deja un comentario

Escriba su búsqueda y presione ENTER para buscar