Alimentar la autoestima

 en Rubén Zatarain

Rubén Zatarain Mendoza*

La temporada invernal impone un protocolo de salud personal física y emocional ante las bajas temperaturas, ante las crisis y sobreactivación emocional.
La temporada invernal y los últimos días decembrinos imponen también un necesario protocolo de cuidado también afectivo, en razón de los altibajos de las relaciones familiares.
Los días festivos, intensos de emotividad para algunos espíritus, son amenazantes para otros por sentimientos como la tristeza y la nostalgia.
Los sentimientos que emergen en la atmósfera familiar no siempre son edificantes, las reuniones alrededor de los arbolitos de navidad, de las mesas y las salas de los hogares alimentan, pero también, conflictuan relaciones interpersonales, ocultan la parte obscura de miedos y soledades detrás de comportamientos efusivos y superficialmente comunicativos.
La atmósfera familiar, educadora de manera implícita de los valores importantes, es también espacio de incomunicación y un reservorio de nudos emocionales que necesitan desanudarse y para los cuales la consanguinidad no es suficiente.
Es necesaria una mirada hacia atrás objetiva, poner en la balanza los días de un año que se desvanece irremediablemente y que nos relativiza la noción del tiempo en las materias esenciales.
Que la comunicación horizontal tome la voz y se enriquezca la mirada empática, la convivencia y posicione al otro.
Comunicación horizontal, hacia atrás y hacia adelante; escucha necesaria más allá de la inmediatez de los rostros.
Que tomen la voz las palabras positivas y se decodifiquen circularmente los variados lenguajes en los que se expresan las personas en el entorno familiar.
Por su edad, intereses, logros, concepciones sobre el amor y frustraciones, por las irremediables competencias y resentimientos, cada familia constituye un microcosmos dónde el diálogo es necesario.
En casa, las biografías escolares de un año en rezago por razones y sinrazones de pandemia necesitan comprenderse y retroalimentarse.
Es urgente retomar también la alimentación de la autoestima de los niños, niñas y adolescentes, pues como afirma Virginia Satir “Cada palabra, expresión facial, gesto o acción por parte de un padre le da al niño un mensaje sobre la autoestima. Es triste que muchos padres no se den cuenta de qué mensajes están enviando”.
Fortalecer el sentido de valía del hijo-educando cuando hay una pseudoconcreción de los saberes necesarios cognitivamente que ha dejado el trayecto formativo cortado por la transición de dos ciclos escolares en 2021.
Que bueno que fueron una excepción los padres y madres insatisfechos con los logros de aprendizaje que decidieron a motu propio que sus hijos repitieran grado.
Que bueno que en la mayoría de casos la mano amorosa de las madres y el acompañamiento de algunos padres de manera corresponsable hizo posible transitar por los saberes esenciales y las habilidades importantes como la lectura de comprensión autónoma.
La educación pública y privada en el año 2021 se reacomoda, cambia y socialmente se les agregan nuevas demandas.
La gestión educativa y las prácticas docentes exigidas por una dinámica no presencial, por capitales culturales familiares diferenciados, que determinan en gran parte el éxito o el fracaso en el mundo de la escuela.
La atmósfera política del año que concluye y su impacto en la dinámica educativa. El año perdido que se suma a la crisis de calidad.
La militancia y politización de la administración pública, la distracción de los cuadros que coordinaron reuniones e inundaron las redes sociales como cabezas de campaña; ellos y ellas obligados a garantizar el servicio educativo más allá del negocio de la virtualidad y de la entrega de pobres guías decorativas y deformativas en cada Consejo Técnico Escolar.
Más allá de la mediática entrega de mochilas y uniformes.
La formación de niños, niñas y adolescentes en el entorno de la familia, sus desafíos y dificultades. La angustia de los hogares y la sobrevivencia material y sanitaria.
La angustia existencial de los padres y madres de familia que también requieren afecto y abrazos de los hijos.
La unilateralidad del flujo de los afectos, la sobreexigencia y culpabilización de los padres y la visión abstracta sobre el ideal de ser padre o ser madre.
La corresponsabilidad de los miembros de la familia para construir un ambiente familiar proactivo y edificante, la autoestima como asignatura pendiente también para los padres de familia.
Educar en el trabajo, la responsabilidad y la colaboración como se hace en muchas familias campesinas, como se hace, por ejemplo, en la costa de oro nayarita o en las zonas agrícolas de estados como Sonora o Sinaloa.
El contacto con la naturaleza, la participación en las cuadrillas, la noción de comunidad que se construye haciendo y no diciendo; el azadón y el machete como instrumentos de trabajo que educan la mano, la resistencia muscular y la fuerza.
No todos los niños contemplan y juegan en tablets o juguetes de baterías alrededor de los pinitos de luces y esferas brillantes.
El sol y el viento que hacen valorar el sombrero y la ropa adecuada para las faenas, el logro personal que se cuantifica al final de cada zurco, de cada jornal.
La palmada del padre en el hombro que educa y refuerza la autoestima del hijo al final de la jornada y silente extiende la mirada gratificante que premia el deber cumplido.
El pequeño a horcajadas en la parte trasera de la bicicleta pedaleada por su padre, el pequeño que conduce el caballo o el asno a la labor; la pequeña al lado de la madre en la confección de alimentos para todos.
La recepción de la madre sin palabras, sin repetidos, vacíos y actuados “Te amo” mientras solicita sirve la frugal cena, mientras el fin del día lo marcan las gallinas que con potentes aleteos trepan por las ramas de los árboles.
No todos vivimos la misma calidad de fiestas decembrinas ni hacemos encuentro familiar con los mismos elementos y propósitos.
La clase social distribuye inequitativamente bienes materiales, pero también los bienes emocionales de autoestima.
La clase social también determina la calidad del tiempo de ocio y recreación, del tiempo familiar.
El espacio geográfico que habitamos es otro factor.
Las distintas construcciones de las fiestas decembrinas de la ciudad y del medio rural.
Las formas diferenciadas de cómo accedemos a eso que se denomina comercialmente felicidad.
La ciudad y su gasto oneroso de adornos y sospechosa parafernalia. Los nacimientos simbólicos, la naturaleza, el trabajo, el grano, la semilla, los alimentos. También en el contacto con las labores del campo se honra el nacimiento de lo importante.
Los bienes formativos del contacto diario con los suyos, con el mundo del trabajo y con las inclemencias del tiempo.
Que fortuna que no todos los niños y niñas obtengan premios en forma de juguetes culpígenos o promesas en trueque de buen comportamiento.
Alimentar el mapa socioemocional personal. Construir la estructura sólida de sujetos ricos en autoestima y realidad.
Hacer y decir cosas buenas y dialogar en positivo para mejorar el encuentro en casa mientras transcurren los días de un periodo vacacional breve.

*Doctor en educación. Profesor normalista de educación básica. zatarainr@hotmail.com

Comentarios
  • Griselda Gómez de la Torre
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    Estimado Dr. Rubén Zataráin Mendoza, las siguientes líneas no pretenden ser una carta al estilo de Kierkegaard de quien se reconoce como el padre del existencialismo y de su concepto de hombre.
    Mi empalabramiento pretende recuperar la posibilidad de reflexión que en este espacio Usted posibilita como herramienta para la reflexión y la búsqueda constante del pensar crítico.
    El tema que propone es por demás interesante por tratarse de la naturaleza humana y lo que considero es la fuerza vital que habita en cada ser humano: sus emociones y entre ellas la autoestima.
    Coincido con la postura que usted menciona al reconocer que las relaciones humanas son un tejido de emociones – relaciones y supuestos que conforman la naturaleza de las familias, el sentimiento de incomplitid aunado a la nostalgia del eterno retorno sobre si, en ocaciones causa espacios de angustia y soledad.
    Más sin embargo, la propuesta de fortalecer la autoestima personal y sobre todo en l@s niñ@s en formación de su personalidad , el guiarlos en el proceso de autoconocimiento, traerá consigo nuevas generaciones de adultos que desplieguen su autonomía emocional y su inteligencia emocional.
    Concuerdo que es una urgencia y emergencia propiciar espacios donde se aprenda a través de la palabra generadora al estilo de Paulo Freire, para qie de este modo contribuyamos al enriquecimiento emocional de las nuevas generaciones, mucha gracias por la oportunidad de leerle y aprender en dialogicodad.

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