Al final de la Copa del Mundo de Futbol. Pasamos de la gran diversión a la enorme decepción

 In Miguel Ángel Pérez Reynoso

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Esta versión 2026 de la Copa del Mundo de Futbol que se realizó en tres países del norte de América sirvió para dejar salir todos los demonios y todo tipo de pasiones de la condición humana. Ha sido un fenómeno psicosocial que ha ido de la euforia por los triunfos de la selección nacional hasta la gran decepción después de quedar eliminados.
En el momento de escribir estas líneas, sé que la final se jugará entre España contra Argentina, pero aún desconozco el resultado y, por ende, desconozco quién ha sido el equipo campeón.
En este mundial, a diferencia de muchos anteriores, me metí un poco más, al triple juego y de todo lo que se juega en este tipo de eventos:

a) Lo deportivo propiamente dicho, 48 selecciones divididas en 12 grupos que protagonizaron la parte inicial del evento y que para mí fue la más emotiva.
b) El juego que se vive afuera de las canchas. La gente, el comportamiento colectivo, las festividades, la fiesta, siempre la fiesta, los festejos, la alegría por los triunfos y un larguísimo etcétera.
c) La parte oculta o lo que está en el fondo. Este tercer punto es el que por primera vez más se ha visibilizado en esta contienda. De nadie es ningún secreto tener que reconocer que tanto el presidente de la FIFA como los organizadores, incluyendo el arbitraje, han estado a favor al beneficiar sistemáticamente a la selección de Argentina. Hay infinidad de evidencias que dan cuenta de dicha inclinación a favor de este país. La imagen del primer partido en contra de Argelia, en donde su personaje central, Lionel Messi, agrede alevosamente a un contrincante mereciendo la tarjeta roja directa; sin embargo, el árbitro se hizo tonto y no hizo nada en ese sentido. La pregunta es: ¿Por qué esta tendencia de beneficiar sistemáticamente al equipo de Argentina? Y la respuesta tiene que ver con asuntos de dinero, incluso de lavado de dinero, de apuestas, de desvío de recursos a cuentas bancarias fantasmas que algunas están en Miami y otras más en la misma Argentina. Recordemos que Argentina es un país que atraviesa una profunda crisis económica y también política, a partir de la llegada al poder de un mandatario oligofrénico (incapaz mentalmente) y loco de poder, que ha afectado enormemente el desarrollo social del pueblo argentino. Jugar con el principio del juego limpio con trampas es un contrasentido y este Mundial lo ha demostrado hasta la saciedad.

Bueno, bajo este contexto, al final ha quedado una sensación de vacío, una especie de resaca, de algo que se sabía que terminaría pronto (un mes y días de fiesta), pero que muy pocos estaban abiertos a aceptar que esto terminaría. Este fenómeno psicosocial ligado con el juego de pelota llamado futbol genera un círculo complejo que va de lo maníaco a lo depresivo; en donde la manía está en la fiesta y en el momento del triunfo y lo depresivo está en todo lo demás. Las reglas del certamen van eliminando a los equipos que demuestran ser incompetentes para seguir en la competencia; primero quedaron fuera 16 en la primera ronda, que tuvieron que irse a su casa muy pronto, y luego otros 16 en eliminación directa, luego 8, 4, hasta llegar al juego del tercer lugar y a la gran final que se juega este domingo 19 de julio.
¿Qué pasa con los equipos derrotados, los que pierden y los que son eliminados?, ¿quién piensa en ellos, cómo elaboran su propio duelo después de quedar fuera? ¿Y qué pasa también con sus seguidores, sus hinchas, sus aficionados o como se diga en cada país? Este fenómeno de gratificación y pérdida también es importante analizarlo.
Hoy entendí algo que ya sabía por sentido común, que todo campeonato mundial es un gran negocio, un negociazo, capitalizado por esta empresa multinacional llamada FIFA, que no paga impuestos, que de manera autoritaria impone sus reglas y sus condiciones, que hace transas y pactos en lo oscurito y aquí no hay poder que la vigile o la regule. Ojalá y ya no volvamos a tener otro Mundial en nuestro territorio porque para lo único que sirve es para abrir una nueva caja de Pandora.
¿Qué queda al final de esta Copa del Mundo? Algo que ya sabíamos desde el inicio: alguien edificó una esperanza de que a nuestra selección local le iba a ir mejor; el “¿y si sí?” se hizo viral, pero hasta ahí todo forma parte de esta catarsis global y colectiva que atrapó a muchos. Me detengo en las niñas, en los niños, en los jóvenes y en los adolescentes. ¿Qué les deja esta experiencia en sus vidas? Es bueno que se platique en casa porque de estas justas supuestamente deportivas, es mucho más lo que perdemos que aquello de lo que salimos ganando. Ojalá y este domingo pierda Argentina, porque se ha ganado el odio global de millones de personas a nivel planetario, y si no, que le pregunten a Argelia, a Suiza, a Cabo Verde, a Egipto e incluso a Inglaterra. Es bueno pensar a futuro que un Mundial de Futbol sí, pero no así.

*Doctor en Educación. Profesor-investigador de la UPN Guadalajara, Unidad 141. safimel04@gmail.com

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