Adicciones

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

“Ese cuate ya está enviciado”, decían algunos de mis colegas acerca de quien dirigía la dependencia universitaria en la que trabajé hace algunos lustros. En su carácter de director de esa unidad académica, era el primero en llegar a su oficina y el último en irse a su casa. Escribía, proponía proyectos y publicaciones, realizaba y recibía llamadas telefónicas, viajaba a reuniones académicas, realizaba dictámenes, dictaba conferencias y cursos, presidía reuniones. Buena parte de sus horas de vigilia las pasaba frente a la computadora, mucho tiempo antes de las reuniones virtuales.
Muchos de nosotros somos adictos a las sustancias que segrega nuestro propio cuerpo: hay quienes son afectos los deportes extremos, a los juegos mecánicos, o simplemente a levantar pesas, nadar, correr o pedalear cotidianamente. Hay muchas personas que son adictas al trabajo, o al dinero, o a sustancias que se embuten por algún conducto, desde alcohol, azúcar, grasa, alguna droga legal o ilegal.
Es frecuente que, como parte de los procesos de enamoramiento, deseemos que determinada persona se haga adicta o adepta a nosotros. Que quiera estar con nosotros tanto como nosotros la queremos cerca y por largos lapsos de tiempo. De modo que también en esas relaciones afectivas podemos sentir algún síndrome de abstinencia como el que sufren los alcohólicos cuando dejan de beber o los adictos al trabajo cuando (se supone) se están divirtiendo. La “afición extrema a alguien o algo”, como define el diccionario de la real academia el término adicción, puede derivar en consolidar alguna pasión, como tocar un instrumento musical, dedicar horas a algún tema, actividad o persona que nos atrae, y conseguir que derive en algo relativamente productivo.
En el contexto de la pandemia, hemos visto que muchos jóvenes e incluso docentes se han hecho adictos a las pantallas y los videojuegos, mientras que otros han quedado “inoculados” en contra de las pantallas y hacen los posible por evitar esos vicios sedentarios. Algunos adictos a determinadas a actividades como jugar futbol recuerdan haber jugado en canchas inundadas o polvosas (“que raspaban la piel como lija”) a bajo el tremendo calorón de las tres de la tarde, después de las clases cotidianas. Algunos de esos adictos a las sustancias segregadas por las propias glándulas (Endorfina, Serotonina, Dopamina y Oxitocina) relatan que el placer puede ser tal que realizan actividades por largos periodos de tiempo o varias veces al día para regresar o conservar esa sensación de placer.
Al igual que otras sustancias (alcohol, café, marihuana), el ejercicio (entre ellos el realizado por los adictos a los deportes o a actividades compartidas con otras personas, como las relaciones sexuales) y los videojuegos, suelen requerir subir la dosis para conservar el nivel de placer. En algunos casos, quienes se aficionan a determinadas sustancias endócrinas, además de los premios que las acompañan (poder, dinero, fama, contactos sociales) se convierten en profesionales talentosos. En otros casos, las consecuencias pueden derivar en obsesionarse con esas actividades sin que sean redituables o productivas, como sucede para algunas personas que, por dedicarse a sus adicciones, dejan de trabajar, de comer, de dormir o de interactuar con su familia.
El problema será, entonces, aprender a utilizar esas pasiones hacia personas, actividades y sustancias, de maneras productivas y positivas.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

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