Adelitas

 In Jorge Valencia Munguía

Jorge Valencia*

“Y si Adelita se fuera con otro, la seguiría por tierra y por mar…” Se trata de los versos de una de las canciones más emblemáticas de la Revolución y de un feminismo en ciernes que a más de cien años de distancia anticipa la lucha por la equidad de género en México.
Si la gesta revolucionaria reveló la sociedad que fuimos (caótica, desigual, agraria), el feminismo acentúa la sociedad que queremos ser (igualitaria, urbanizada, respetuosa de los derechos humanos).
Como figura mítica, la Adelita es la mujer proactiva, involucrada en los procesos sociales durante la reconstrucción política de un país en busca de la modernidad. El caos, los balazos, los ideales (casi siempre truncados con fuego), la “bola”… sellaron una parte importante de nuestra identidad.
Tuvieron que pasar casi cien años para alcanzar la democracia y otros tantos para la asunción legal de la igualdad entre los mexicanos y las mexicanas. El voto femenino se legalizó apenas en las elecciones de 1955. El primer presidente electo democráticamente asumió facultades en el año 2000.
El siglo XXI nos ha dejado intentos frenéticos por organizarnos bajo la consciencia de la diferencia política y la amenaza de la corrupción. Las mujeres exigen el lugar que les corresponde por derecho.
En este intento, los radicalismos se exacerban y las discusiones adquieren el grado de la agresión. El destino final de una sociedad democrática no se restringe al sufragio; éste es apenas el principio de una sociedad madura cuya convivencia permite la participación de la vida privada y pública con el respeto ante la diferencia. México está en vías de lograrlo. Se requiere autocrítica y empatía. Lo primero consiste en una habilidad elevada del pensamiento; lo segundo se sustenta en un cerebro prefrontal bien constituido. Nada que se dirima a balazos merece el adjetivo “democrático”.
Se entiende que hay bandazos. Lo que no se da, se exige. La equidad de género aún no goza por completo, en la práctica, de las garantías y beneficios que debería, como demuestran las desapariciones, el maltrato, la diferencia salarial para el mismo puesto de trabajo entre hombres y mujeres.
No ayuda la inmiscusión ideológica de perversiones difundidas a través de las redes digitales como consecuencia de la “posverdad” que tergiversa los derechos humanos fundamentales en favor de una candidatura o un producto comercial (se considera lo mismo a la hora de influir en los consumidores): vender un refresco o lograr que gane un candidato. “Interesante”, dice un adalid de la misoginia.
La convivencia humana es simple y compleja: todos queremos vivir en paz. Cuando comprendamos que el género es un “constructo cultural” y dé lo mismo ser hombre o mujer para la participación política en el gobierno, las empresas o la familia, la nuestra será una sociedad auténticamente democrática. México se encuentra en ese proceso. Nos faltan adelitas y nos sobran “tiktoks”.

*Director académico del Colegio SuBiré. jvalencia@subire.mx

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