Acoso en la universidad

 en Rodolfo Morán Quiroz

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

No es cosa rara ni infrecuente. Es algo que sucede todos los días, incluso en contextos de mucha notoriedad: el “intercambio” de favores dentro de una organización, en donde una de las partes ofrece un servicio a cambio de servirse del cuerpo de la contraparte. Las denuncias por acoso se han suscitado en Hollywood en meses recientes y han involucrado a más de alguna celebridad dotada de dinero, fama y trayectoria. En semanas recientes se ha convertido también en un tema de discusión y de denuncia en los medios de comunicación, después de que las autoridades de los centros universitarios o de las escuelas preparatorias solaparon durante años el comportamiento de algunos de sus cuadros intermedios, haciendo caso omiso a los señalamientos de estudiantes o docentes.
A raíz de algunos movimientos organizados de estudiantes que se declararon en paro por la desaparición y muerte de varios estudiantes, estudiantes y docentes denunciaron algunos casos en los que funcionarios de la universidad solicitaban favores sexuales a cambio de calificaciones, asignaturas o algún trámite dentro de la Universidad de Guadalajara. A los casos denunciados dentro del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades se sumaron luego los casos de algunas escuelas preparatorias y, más recientemente, en el Centro Universitario de Ciencias de la Salud. Según algunas estudiantes, ese tipo de comportamiento lleva años y algunas de las acosadas lo denunciaron ante las autoridades de sus planteles, pero no se dio seguimiento. Es hasta semanas recientes cuando se han manifestado, con los nombres explícitos de los acosadores, algunas de las estudiantes y docentes que han sido objeto de este hostigamiento.
Esa práctica se inserta entre otro conjunto de acciones de corrupción en que los funcionarios ofrecen determinado servicio a cambio de beneficios personales. En el caso de solicitar favores sexuales se vulnera además el cuerpo y la voluntad de personas a las que se les “ofrece” resolver problemas o darles cabida en la plantilla de docentes a cambio de acceder al cuerpo de, por lo general, mujeres, aunque cabe la posibilidad de que se hayan suscitado también acoso a varones. Al comentar con otros profesores de la Universidad de Guadalajara me he topado con la reflexión de que esas prácticas se han perpetuado por ser parte de una cultura machista dentro y fuera de la universidad y por el hecho de que no han sido sancionadas, sino solapadas por autoridades superiores a las denunciadas.
Lo trágico y triste del acoso es que se suscite todavía no solo en la educación superior, sino en otros ámbitos sociales y en distintos niveles educativos. Desde coordinadores de carrera que ofrecen “arreglar” calificaciones a las estudiantes, hasta docentes que acosan a sus colegas a cambio de “ayudar” en determinados trámites. En algunos casos, los acosadores se escapan de ser denunciados y en los pocos en que se les señala la probabilidad de sanción ha resultado extremadamente baja, dado que quienes reciben la denuncia se ponen del lado de sus funcionarios y desestima e incluso se suman al hostigamiento (más allá de lo sexual) desde la institución. Hay algunas denunciantes que señalan que prefirieron dejar los estudios ante la falta de apoyo de las autoridades superiores o porque sus denuncias se minimizan con el pretexto de que son percepciones subjetivas, sin investigar más a fondo. En semanas recientes se ha agudizado el problema y las autoridades de la Universidad de Guadalajara y probablemente seguirán otras instituciones educativas, no podrán negar ya más que esta práctica está demasiado extendida y solapada en nuestra sociedad.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com

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