¿Memorizar o resolver?

Luis Rodolfo Morán Quiroz*

Muchas de nuestras formas de resolver los problemas cotidianos se basan en la memoria. Recordamos que la solución al problema de cuatro veces cinco es veinte. Y a veces recordamos que podemos descomponer el problema “35 más 23 equivale a…” en dos problemas sucesivos como “23 más 23 más 12 equivale a 58”. Así, a veces recordamos la solución directamente y a veces recordamos un camino que puede llevarnos a la solución.
Algunos comentaristas de los sistemas insisten (y recurro a mi memoria para plantear este problema) en que las organizaciones no sólo tienden a la entropía, sino también tienden a recordar las soluciones dadas a situaciones del pasado que se reiteran en el presente. De tal modo, suele decirse que las organizaciones tienen memoria, aun cuando no sea posible identificar directamente a quién dentro de ellas recuerda determinadas situaciones problemáticas y las maneras en que se llegó a su desenlace. Esta característica implica que existe una memoria colectiva que se sedimenta dentro de las organizaciones. Entre varios logran plantear problemas y luego identificar situaciones posteriores como lo suficientemente similares como para hacerles recordar soluciones que generalizarán a situaciones nuevas que les parecerán comparables.
La secuencia no siempre lleva a la mejor solución y las organizaciones (y quienes actúan dentro de ellas) luego serán capaces de identificar la antigua solución funcionó en el nuevo problema que tenía semejanzas con situaciones del pasado. Por una parte, en educación tenemos la fortuna de poder contar con personas que recuerden cómo se solucionaron o cómo se estancaron determinados problemas en el pasado, mientras que por otra, tenemos la desventaja de contar con memoriosos que nos harán creer que la solución practicada volverá a funcionar o que nos desilusionarán y nos recordarán que lo que se hizo en el pasado no sirvió más que para divertirse un rato y luego angustiarse porque no se resolvió el porblema.
De tal modo, la memoria es un arma de dos filos. No por mucho acordarse de las tablas de multiplicar logramos comprender cómo funcionan las divisiones de números enteros, aunque el tener buena memoria puede ayudar. Pero no es el único recurso. A veces hay que ser capaz de recordar distintas estrategias de solución de problemas en vez de simplemente tratar de recordar cómo se resolvió determinada situación en el pasado.
En buena medida, como comenté líneas arriba, la memoria depende de más de un sujeto memorioso. A veces se requiere reconstruir toda una secuencia de acciones, en la discusión y el diálogo, para reconocer y recordar que algunos de las soluciones propuestas eran fútiles o que nos llevaron a callejones que nos hicieron plantear de nuevo el camino a la soluciones. En todo caso, conviene tener en cuenta que la memoria individual es de una magnitud mucho menor que la memoria de un equipo entero dentro de una organización… o de un sistema como el educativo.
Así que a veces conviene replantear los problemas y tratar de solucionarlos y a veces conviene recurrir a los memoriosos que nos dirán cuáles fueron los errores y los aciertos del pasado, para no tener que recorrer otra vez los caminos que ya probaron ser inciertos, o para ensayar nuevas desviaciones en las secuencias de acciones para lograr soluciones más eficientes o duraderas.

*Doctor en Ciencias Sociales. Profesor del Departamento de Sociología del CUCSH de la UdeG. rmoranq@gmail.com