Formación del profesorado

Carlos Arturo Espadas Interián*

La formación del magisterio trabaja dimensiones que podemos considerar básicas para poder realizar la labor docente. Estas dimensiones al clasificarlas en: saber, saber hacer, convivir y ser; se visualizan como parte fundamental de la esencia del profesorado. Por la naturaleza del quehacer docente, tener un desarrollo con carencia en alguna de ellas significa que se impactará no solo en la figura del profesor, también en la de los estudiantes a su cargo, los colegas, la institución y la sociedad misma.
Un punto clave a considerar radica en el hecho que esta clasificación es insuficiente para tratar las dimensiones de desarrollo del magisterio, se tiene que entender que muchas de las partes constitutivas del profesorado se encuentran en crucen entre dos o más de ellas. Así por ejemplo, la formación político-ideológica, se integra por componentes de gestión, organización, planeación, posiciones políticas y demás; por lo que se ubica en el cruce entre saber, saber hacer, convivir y ser.
La complejidad para la formación de un profesor radica en el hecho de poder, en un primer momento, visualizar claramente esas dimensiones, sus cruces, sus elementos e implicaciones. Para pasar en un segundo momento al desarrollo de los entornos de aprendizaje desde donde el estudiante puede y debe ser inmerso para su desarrollo formativo.
Muchas de esas dimensiones se desarrollan plenamente hasta el momento de estar en la práctica; con ella se afinan, depuran y profundizan, con cada caso y situación, con cada reto y tropiezo. Por ello es necesario entender el ejercicio de la docencia como una labor de aprendizaje continuo, en donde todo lo que implica trabajar con grupos tiene lugar, máxime, los conflictos cuando la formación va incluso en contra de la cultura que tienen algunos estudiantes o incluso, sectores poblacionales.
Aunado a lo anterior, cada institución vive de acuerdo a cierta cultura y forma, por ello, un profesional de la educación que se incorpora a ella debe aprender, a la par de lo mencionado en el párrafo anterior, a detectar esa forma de vida institucional, aprenderla, vivirla y posteriormente transformarla –en caso de ser necesario–.
Una parte importante del profesorado es la praxis, que permitirá la transformación del medio en bien de la comunidad no solo escolar, sino también social. Esto es algo que los profesores rurales, por ejemplo, tenían muy claro. Así, la labor docente no se supedita a los programas de estudio, se supedita a las necesidades sociales, humanas, culturales, económicas y demás de un pueblo. El profesorado se convierte así en punta de lanza de la formación de la ciudadanía, abona grandemente a la democratización y liberación de un pueblo.
La fuerza e importancia que adquiere el magisterio para un país es fundamental. Es necesario aprovechar toda la riqueza que puede abonar un profesional de esta naturaleza y el papel fundamental en la conformación de los proyectos nacionales. Tener un magisterio despolitizado, es el principio del fin para cualquier nación.

*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com