Respeto a los periodistas, respeto a la libertad de la palabra

Andrea Ramírez Barajas*

Una vez más las notas de prensa en este país se empapan de rojo, a partir de una muerte más de periodistas. Y digo una muerte más, porque es una más que se suma a la larga lista de periodistas asesinados.
Es triste que –al igual de lo que pasa con los que trabajan en educación– las personas que se dedican al periodismo, sean amenazadas, intimidadas, amedrentadas y al final asesinadas. Ahora fue el turno de Jesús Javier Valdez Cárdenas, destacado periodista en Sinaloa y reconocido internacionalmente, fue abatido a balazos en plena vía pública, utilizaba sombrero, éste quedó cerca de él como inerte testigo, cobijando al autor de las denuncias.
Había desnudado al narco de su estado y de las redes nacionales con las que se conecta, directo, sincero, bravucón. Javier no tenía pelos en la lengua, no tenía miedo, pero sabía que algo le podía pasar y así fue. Su muerte indigna, molesta, nos hace a todos y todas vulnerables todos y todas morimos un poco con su muerte.
El trabajo de los periodistas es de los pocos que abren un puente con la sociedad para buscar la verdad, para desnudar los abusos oficiales del gobierno, la corrupción, los vínculos con la mafia de narcotraficantes, la denuncia y la verdad son parte de la gratificación de una de las profesiones más sufridas y peor pagadas.
Javier Valdez es el héroe que ha dado su vida por muchos de nosotros y nosotras que no nos atrevemos, que tenemos miedo, que nos exponemos. Su muerte, nos obliga a la denuncia y la congruencia.
Este asesinato tiene dos lecturas obligadas:

a) Por un lado, en este país la única ley es la ley de la selva, del abuso del poder, de la impunidad. El narco tiene más poder del que imaginamos, parece que los códigos básicos de respeto a los derechos, a las garantías y al trabajo libre de gente biempensante no le interesan, la ética ha dejado de ser ante este hecho.
b) El gobierno se ve rebasado, no controla, no vigila, no gobierna, al final es cómplice por omisión o por cualquier otra cosa.

Los que ventilan la verdad, los que denuncian, los que hablan a nombre del silencio de miles deben ser protegidos, cobijados, blindados por alguna instancia, pero dicha instancia no existe,
Todos vivimos bajo el riesgo del narco, todos vivimos vulnerables, nadie está seguro, ni segura y no se trata de generar una paranoia colectiva, sino más bien de ir a la búsqueda de mejores estrategias de auto-defensa civil.
Ante un gobierno que ni ve y ni escucha y ante una sociedad en donde predomina la postura egoísta o individualista “mientras a mí no me hagan nada no me interesa”. La muerte de Javier obliga a abrir el debate en las escuelas a jugar a ser parodistas, a denunciar y a buscar y publicar las verdades. Las consecuencias son riesgosas la vida está peligro.
Javier, tu muerte deberá ser aclarada, cueste lo que cueste,

*Doctora en educación y consultora independiente. andrearamirez1970@hotmail.com