Ser maestr@ hoy: encuentro entre muchos desencuentros

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

A Juan Carlos Tedesco.
Otro de los grandes pensadores en educación
de nuestro continente

Las imágenes van de las propias a las ajenas, fui o soy maestro normalista que también tuve la formación universitaria, inicié a trabajar en 1980, me tocó trabajar durante los ochenta (la década perdida en educación en el mundo) (Tedesco). Trabajé en dos escuelas de la ribera de Chapala del municipio de Poncitlán, (Tlachichilco y Cuitzeo), después migré a la ZMG, en Toluquilla, Tlaquepaque, ese recorrido de 15 años sirvió para sedimentar vivencias, anécdotas y comenzar a darle sentido a una profesión que sólo se le encuentra estando adentro de la misma, en el trabajo diario, o en diálogo con investigadores que de manera significativa comprenden lo que significa ser maestro. Ahí se agudizó el interés por el estudio y la decisión por formar parte de un destacamento disidente o democrático en lo sindical, desde el primer día de mi trabajo jamás he tenido una inclinación por la oficialidad sindical (y hasta la fecha la sostengo). Ahí estuve con los pares, ya que había que desplazarse en autobús todos los días, desde muy temprano en las mañanas, los discursos, las posturas, las quejas, las decisiones de cada uno, era una forma de darle sentido a su vida como persona y en la profesión.
En ese tiempo en la llamada década perdida en educación, prácticamente era inexistente el sistema de capacitación y de supervisión para los docentes, a uno le daban su plaza (definitiva), después de egresar de la escuela Normal, y uno aprendía en la práctica pero también aprendía que había un alto nivel de autonomía para trabajar. El compromiso era con las comunidades y no estaba tan burocratizada la profesión.
En el año de 1990 gané mi primer plaza como académico en la UPN, y eso cambió mi vida y sesgo el rumbo, en ese mismo año ingresé al ISIDM en la primera generación de la Maestría en Ciencias de la Educación.
Con las imágenes de la distancia, puedo entender que formamos parte de una generación privilegiada que tuvo oportunidades. Entre los colegas de mi generación no había mucho estudio, ni saber especializado pero si mística y vocación, por estar en la tareas, en infinidad de actividades escolares y extraescolares, dar el grito de independencia, participar en los desfiles, organizar los festivales diversos de las fechas conmemorativas, pero sobre todo convivir con algunos miembros de la comunidad, desde desayunar en una casa del pueblo y escuchar y enterarse de cómo transcurre la vida cotidiana en un pueblo pequeño.
Reconozco que hoy la profesión docente se ha reconfigurado, que se ha ganado en cuento a discurso y visibilidad pedagógica, aquí el estado ha copado las directrices de ingreso, promoción y permanencia y se ha perdido en mística, en inventiva e improvisación en una profesión que es abierta a las creatividades colectivas e individuales.
Con el tiempo me ha tocado formar maestros e investigar prácticas y estilos de ser docente, con el tiempo digo que lo más valioso de la profesión es tener claro, qué es uno a partir de dónde está y lo que hace y que se espera de la práctica. La SEP y SNTE no importan son entes advenedizos, lo importante es la escuela, los niños y niñas las demandas específicas por aprender y los compañeros de trabajo y el proyecto de facto que surge desde adentro desde el corazón mismo de la escuela, ahí es en donde está la verdadera educación y las mejores formas de ser docente.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la Unidad 141 de la UPN. Correo mipreynoso@yahoo.com.mx