Mis maestros tenían memoria y sabían preguntar

Jaime Navarro Saras*

A mis maestros Rosa, Chayito, Óscar, Josué y Miguel

Cada 15 de mayo suelo recordar a los maestros que tuve a lo largo mi formación escolar, desde el párvulos hasta el posgrado, tengo en mente por lo menos cinco de ellos, uno por cada nivel escolar (primaria, secundaria, bachillerato, educación Normal y posgrado). De todos guardo gratos recuerdos como maestros y ejemplos como personas de bien.
A todos los caracterizaban tres elementos esenciales: a) discursos estructurados y prácticas que partían de situaciones cotidianas, b) interacciones colectivas de diálogo y cuestionamientos, c) petición de tareas y trabajos en el aula que implicaba la puesta en práctica de lo aprendido. Estos maestros eran egresados de escuelas Normales urbanas y rurales, uno de ellos con formación universitaria. Fueron hijos del Plan de Once Años y de la reforma de Echeverría, en su formación estuvo vigente la educación tradicionalista, el conductismo y la tecnología educativa.
Al margen de las modas pedagógicas y didácticas de la época que les tocó vivir y que se remiten al antes, según la publicidad de la SEP, en contraposición del ahora (el Nuevo Modelo Educativo), en sus clases nunca se intencionó a la memorización, la repetición y cuanta práctica inverosímil que se señala en el spot publicitario.
Cuesta trabajo encontrar hoy en día una representación social benévola hacia los maestros, y menos desde la llegada de este gobierno. Los medios de comunicación junto con la SEP y agrupaciones empresariales como Mexicanos Primero se han encargado (de la manera más vil e irresponsable) de difundir y promover la idea de que los maestros son un mal perfectamente sustituible.
Lo hecho en este sexenio sobre la entrega de los recursos y riquezas nacionales, suena como una venganza contra el pueblo, los logros de la revolución mexicana y el legado de los gobiernos de Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos, al generar reformas para quitarle a las personas un futuro posible, empleo seguro y bien remunerado, el derecho constitucional de acceso gratuito a la educación y la salud, paz y tranquilidad social, entre tantas cosas.
Este gobierno se ha cansado de mentir acerca de los maestros y la escuela pública, no todo lo que hacen se puede medir con los instrumentos de PISA y la OCDE, todos los mexicanos han pasado en algún momento por la escuela pública (por lo menos de tres sexenios para atrás) y los egresados podían competir con cualquier ciudadano del mundo, en México somos bastante creativos e imaginativos, el problema son los escasos recursos que se invierten para sistematizar esta materia prima, que lo más seguro es porque no conviene al minúsculo grupo del poder que gobierna este país, aun así los maestros logran influir e inspirar a la población para su existencia.
Estamos en una etapa donde es necesario buscar nuevos caminos para la escuela pública y los maestros que la hacen posible, la labor de los maestros es insustituible, lo que sabemos y practicamos en la vida alguno de ellos nos lo enseñó y allí estriba la base que el actual régimen no quiere entender. Un abrazo para cada uno de los profesores que día con día intenta hacer lo mejor que pueden para dignificar la profesión, felicidades para todos los colegas que han sido parte de mi generación, para todos los maestros que me enseñaron lo que sé y en especial para los que está dedicado este artículo en nuestro día.

*Editor de la Revista Educ@rnos. jaimenavs@hotmail.com