El Modelo Educativo que México necesita

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

La historia de las reformas educativas en nuestro país es la historia de los fracasos sexenales en educación. La historia en el fracaso de las reformas recientes no sólo es de contenidos, también de procedimientos.
El Modelo Educativo 2016-2017, pretende convertirse en la gran propuesta educativa para nuestro país, ausente de consenso y legitimidad y con grandes lagunas en su propuesta pedagógica, junto con la ruta de acción para llevarla cabo. El Modelo (que no lo es), se convertirá en una más de las iniciativas que se sumarán a la lista de los intentos frustrados, en tratar de convertirse en la verdadera reforma que México necesita.
El Modelo educativo que México necesita deberá de pasar por un profundo proceso de construcción desde abajo con los educadores y con otros actores que sumen sus voces y sus propuestas, en dicho proceso deberán problematizarse tres grandes cuestiones:

a) La mundialización o la educación en un mundo globalizado.
El proceso de globalización también ha trastocado a la educación, los sistemas educativos se han homologado a la alta o han sido pautados y condicionados desde los países poderosos o desde las grandes metrópolis, de ahí ha surgido una educación para el emprendimiento y la productividad, una tendencia al fomento individual sin importar mucho las necesidades de los demás, una educación que arrasa con la naturaleza y con las culturas originarias de los pueblos y las comunidades, una educación que depende del avance tecnológico y de la utilización de los dispositivos electrónicos de punta. Quien los tenga que no se eduque.
b) La pertinencia o no del mundo globalizado.
Para el caso de nuestro país, de la noche a la mañana se han borrado una serie de prácticas y de tradiciones cuyo sedimento era importante para la gente. Las prácticas de los educadores tenían una veta muy fuerte de vinculación con la comunidad en donde se encontraba la escuela, de dicho vínculo se tejían lealtades, proyectos específicos e incluso defensa del patrimonio político y cultural. Todo esto comienza a transformase con la globalización y el modelo educativo que de ella se desprende.
c) La pertinencia o no a partir del rescate de las iniciativas de reforma que datan del pasado inmediato.
Los intentos e iniciativas sexenales que han surgido con el rubro o bajo la intención de ser reformas educativas, han incurrido en el error de pretender ser la gran reforma para México. Desde el Plan de Once Años de López Mateos, pasando por la Reforma educativa de Luis Echeverría, el Plan Nacional de Educación de López Portillo, la Revolución Educativa de Miguel de la Madrid hasta llegar a algo que ha quedado por más años el intento o la iniciativa de Modernización Educativa que inicia con Carlos Salinas de Gortari, y junto con los intentos de Descentralización ha predominado desde los sexenios siguientes hasta llegar al actual.

La parte bondadosa de las iniciativas de reforma del pasado (a diferencia de la actual), es que pretendieron encontrar aliados a partir de generar amplias alianzas: el SNTE, los gobiernos estatales, las sociedades de padres de familia, algunos colegios de profesionistas, intelectuales e investigadores, se sumaban con sus voces (a favor o en contra), pero cada intento de reforma se tonaba en un debate que hacia circular las palabras y las ideas. Así surgieron textos de coyuntura de Olac Fuentes Molinar, Pablo Latapí, (hoy estos textos los genera Manuel Gil Antón y un número destacado de intelectuales). El gran aprendizaje de los intentos de reforma anteriores es que sin consenso no hay avance.
La pregunta ahora, es qué sigue, ¿cuál es el Modelo Educativo que nuestro país necesita? El modelo tiene que construirse a partir de amalgamar las tradiciones del pasado con las exigencias del presente, los métodos de consensar con las iniciativas audaces surgidas desde la investigación, la herencia de los pueblos y las comunidades, con los valores y la cultura de un mundo en transformación. Lo más importante de toda reforma es no perder de vista los sujetos que le llevarán a cabo, la reforma debe ir hasta donde los docentes puedan y quieran. Sin ellos y ellas toda iniciativa de reforma tiene su fracaso asegurado. Como la actual iniciativa que debería de escribir en su lápida el siguiente epitafio: “Aquí yace la reforma educativa que nunca fue”.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la Unidad 141 de la UPN. Correo mipreynoso@yahoo.com.mx