La ruta de la profesionalización docente

Andrea Ramírez Barajas*

Me he dedicado por muchos años a conocer el proceso de ser docente, a acercarme a conocer las voces, los miedos, las miradas, las propuestas y las amenazas de una profesión con profundas asimetrías y evidentes contradicciones.
El ser docente liga la identidad y también el deseo, de lo que se es hoy y de lo que se quisiera para mañana. Su origen está en el origen mismo de la palabra pedagogía y de la práctica del acompañamiento o el encuentro entre una persona que lleva a otra por un camino determinado, teniendo claro la ruta que se sigue y el punto de llegada.
En los últimos años aparece la figura de profesionalización docente como un nuevo deseo para encontrarle sentido a la profesión de educar y bajo la palabra profesional o profesionalización puede entenderse como una reducción o como un agregado a lo que ya lo es (educad@r) su defecto es que adjetiviza el trabajo de los educadores o profesionales de la educación.
La ruta de la profesionalización docente pasa obligadamente por el compromiso de la tarea ser maestro-maestra, por la reflexión de las prácticas concretas que se llevan a cabo en ámbitos formales e institucionales, por el conocimiento de las teorías que le dan sentido al trabajo educativo y que permiten abrir nuevos horizontes para generar nuevas teorías, por el conocimiento y apropiación de las políticas educativas que de cierta manera regulan el trabajo o lo mandatan desde la esfera del gobierno y del poder.
A partir de todo lo anterior, profesionalizarse en educación es tener claro qué hago aquí en este ámbito, con estos sujetos y hacia dónde dirijo mi trabajo y la producción del mismo. Ser profesional también implica que los resultados de la tarea educativa tienen que estar lo más cercano posible a los propósitos e intenciones educativas que le anteceden.
En educación vivimos un profundo deterioro de la imagen y de la figura profesional de los y las educadores, dicho deterioro es atribuido a factores exógenos (el sistema, la sociedad, los medios) pero también endógenos, (el sujeto docente, la incapacidad de “estar al día”, la gran velocidad por la que corre el avance tecnológico, las exigencias sociales, el desarrollo de los sujetos, etcétera).
La profesionalizan docente entonces también tiene ritmos y se imprime con ciertas velocidades, dos colegas han trabajado mucho este tema Carlos Marcelo de España y Denisse Vailant de Uruguay, ambos nos han aportado un importante legado para poner en el centro la agenda de la profesionalización. Dicha agenda inicia con el compromiso de ser mejores para educar mejor, el ser mejores atraviesa el factor intelectual, moral y pedagógico. El problema por lo tanto, inicia en que en nuestra sociedad las condiciones institucionales en ocasiones no son las más adecuadas para sacar adelante proyectos de profesionalización de largo aliento. El remar contra-corriente el transformar lo adverso como positivo es también parte de la tarea del cambio y de la profesionalización docente.
Profesionalizar por último, es también ser dueño de todos los elementos que sirven como intervinientes de la práctica y de la tarea de educar, en esto la propuesta de reforma educativa que el gobierno mexicano ha propuesto se torna en un distractor, en un impedimento en una barrea que ha sido difícil de superar.

*Doctora en educación y consultora independiente. andrearamirez1970@hotmail.com