La crisis para pensar la educación. La educación para pensar la crisis

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Crisis y educación han sido dos conceptos que se han asociado y han caminado en paralelo en los últimos años. Crisis de la educación, educación de la crisis. Bajo dicha intersección conceptual puede decirse que hemos sido testigos de una serie de cambios y recambios del llamado movimiento pedagógico contemporáneo.
Por un lado se habla del concepto de crisis para referirse a un estado de pérdida, de vacío, de cambios en donde hay pérdida de control sobre las cosas: “crisis de valores”, “crisis en la familia”, “crisis en la convivencia” y cerramos con “crisis de la educación y de sus propuestas”. Educar en la crisis patológicamente se asocia a tener que remar contracorriente, a la seguridad de que habrá escasez de recursos, pocos apoyos, dificultades en el reconocimiento de las acciones y las tareas, dificultades en la disposición de los sujetos y las personas para involucrarse en las propuestas de trabajo, etcétera. La conclusión a la que se llega, es qué se trata de generar propuestas para superar la crisis, para salir de la crisis. La paradoja del presente es que la crisis que da origen a las propuestas pedagógicas es para superar la propia crisis que les dio origen.
Por otra parte, en distintos círculos académicos de habla de que la educación está en crisis, que hay un agotamiento del discurso pedagógico para referirse al análisis de las prácticas educativas, del currículo, de la formación de docentes, etcétera. La educación se encuentra estancada en modelos y conceptos que datan de hace 100 años o más y que es necesario modificar su abordaje y construir nuevas formas de nombrar las cosas que están apareciendo recientemente. La crisis de la educación es atribuida a tres factores: a) a la falta de capacidad de los teóricos e investigadores en el campo, para generar mejores formas de entender los complejos problemas educativos del presente, b) a que el agotamiento educativo se integra de componentes duros (estructurales) que le impiden romper el paradigma y construir uno nuevo, c) a que en la esfera de la política pública existe un clima de poca disponibilidad por parte de los agentes para permitir dinamizar las formas de hacer educación.
De esta manera la crisis de la educación (en su teoría y en sus prácticas) está asociada a otras muchas crisis del pensamiento social y pedagógico contemporáneo, esta tendencia de recurrir a los clásicos es debido a que no existe un discurso o una serie propuestos que los superen.
Lo más lamentable es que la crisis no está sirviendo para avanzar sino para seguir estancados, es decir atorados en un punto tal del cual se generan conformismos, estancamientos y zonas de confort que a nadie benefician.
Es necesario generar un nuevo dispositivo pedagógico que nos permita pensar y conocer de mejor manera la crisis por la que travesamos, para establecer un uso critica de sus componentes y saltar a un mejor estadio de desarrollo humano social y educativo. ¿Cómo? Comprometiendo de mejor manera a los y las educadores, para que piensen más a fondo acerca su tarea: cómo y el cómo de su tarea. Para lograr una mayor claridad acerca de sus intenciones y de las implicaciones de las acciones que realizamos. Me parece que es la mejor manera de salir delante de una crisis que nunca pedimos.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la Unidad 141 de la UPN. Correo mipreynoso@yahoo.com.mx