Los problemas de convivencia. Los problemas de autoridad

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

En las diversas discusiones con los alumnos del posgrado en el seno de la Maestría en Educación Básica (MEB) de la UPN, es posible notar el especial énfasis que se pone en los problemas de convivencia, indisciplina y ausencia en estilos vinculados con la sana convivencia y la resolución noviolenta de los conflictos, sobre todo en jóvenes y adolescentes de educación secundaria y media superior (EMS). Muchos maestros se dicen desesperados por el actual clima de conflictos y problemas, “los jóvenes se tornan insoportables”, “no acatan ninguna regla”, “tengo más de 20 años en el servicio y nunca me había enfrentado con problemas como los de este tipo”, “me siento desesperada incluso en momentos hasta quisiera correr, dejar todo. Siento que ya no puedo más”.
Son parte de las voces que se escuchan en las nuevas narrativas docentes. Efectivamente, estamos ante un viejo problema pero con nuevas manifestaciones y características. Las formas de convivencia, es decir las diversas formas en que nos relacionamos con los demás, no están sirviendo para establecer vínculos humanos respetuosos y tolerantes. Los jóvenes de hoy ya no logran distinguir los límites que separan lo permitido de lo que no lo es.
Tal como lo reconocía una alumna en el posgrado, “los problemas de convivencia son problemas de autoridad”, y me parece que dicha tesis es correcta. Los problemas de convivencia son problemas de (ausencia) de figuras de autoridad.
En el desarrollo humano las figuras de autoridad son formas de relación que sirven para poder internalizar la propia autoridad y sirven también para distinguir lo bueno, de lo malo; lo permitido, de lo prohibido; lo que se permite hacer, de lo que no. Partimos del reconocimiento empírico de que las figuras de autoridad están ausentes o no son lo suficientemente claras e impactantes ante los ojos de los jóvenes que sirvan para generar en los sujetos formas claras de proceder ante el mundo.
Los adolescentes en la escuela se tornan irrespetuosos, groseros, irreverentes ante casi todos los docentes del plantel. Pareciera que para los jóvenes no existe otra forma de manifestarse debido a que no la conocen o no la han experimentado, en la contraparte emergen formas de relación autoritarias, las cuales tienden a amenazar, a chantajear, a condicionar las conductas consideradas positivas.
El problema cada vez se hace más complejo y para el cual cada vez se hacen necesarias mejores formas en la gestión cotidiana y en los vínculos que establecemos los sujetos educativos. Es necesario, yo diría, y urgente intensificar la producción de conocimientos desde la investigación educativa, que se conviertan en propuestas de acción y de intervención. Todo sirve, todo ayuda. El problema se está tornando estructural pero aun en ello cualquier iniciativa por modesta que parezca debe operarse.
Tal vez el dispositivo pedagógico tenga que cambiar y buscar nuevos elementos significativos para enganchar a los jóvenes en la tarea educativa. La ausencia de autoridad familiar y social es un hecho que debe sustituirse por formas nuevas de regular el comportamiento de los jóvenes. ¿Cómo? Esa es la tarea que tenemos muchos. El dispositivo pedagógico debe caminar en un mejor sentido para mejorar las formas de convivencia cotidiana entre los jóvenes con sus pares y con los docentes que los acompañan en la vida escolar.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la Unidad 141 de la UPN. Correo mipreynoso@yahoo.com.mx