Enseñar hoy en tiempos de turbulencia política y social

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

Estoy releyendo el texto “Enseñar hoy” de las colegas argentinas Inés Dussel y Silvia Finocchio que editó el FCE en Argentina. El texto es una magistral obra de 10 trabajos dividida en 5 ejes temáticos:

1. La escuela que tenemos.
2. Mirar con otros ojos.
3. Ética, política y cultura de la transmisión.
4. Rupturas y ocasión.
5. Pensar el presente (futuro).

He querido enfatizar la obra citada por su pertinencia para nuestra realidad, el estilo de la narrativa de los colegas argentinos en general me gusta especialmente, por su originalidad conceptual pero también por la pertinencia y profundidad en el manejo de los contenidos. Más allá de nacionalismos o de chauvinismos mal entendidos, la obra en sí misma, requiere ser mirada y analizada a la luz del frustrado intento de reforma educativa en nuestro país, debido a que se coloca al docente y su protagonismo en el centro de una serie de turbulencias contextuales las cuales son inevitables, ineludibles pero manejables.
Ante una sociedad cuya crisis no termina de tocar fondo, y ante una demanda educativa inédita, lo único positivo que podríamos esperar era que la agencia gubernamental les facilitara las cosas a los educadores, pero no es así. Ante un clima de exigencias constantes y demandas crecientes que incluso van mucho más allá de la veta o el reclamo propiamente educativo, las instancias de gobierno se tornan en un enemigo más de la tarea de enseñar por parte de los docentes.
La historia de la educación en nuestro país está marcada, desde su origen, como bien lo ha señalado Alberto Arnaut por esa huella o ese pacto fundacional entre el magisterio con el Estado nacional. La actual ruptura que se enmarca veladamente en el marco de la reforma, persigue, culpabiliza y desconfía del trabajo de los docentes. Cuando se afirma que la evaluación es punitiva es debido a que todo el despliegue del dispositivo evaluativo tiende a crear un clima de castigo, de exclusión y de estigmatización sobre la base del rubro de la no idoneidad para la tarea.
Es lamentable que la visión pedagógica de la autoridad educativa en nuestro país, justo en este momento esté centrada bajo un paradigma de evaluar para castigar, desconfiando del trabajo y de la productividad pedagógica de los educadores mexicanos.
Una perspectiva diferente sería crear condiciones de autonomía, brindando confianza plena en el trabajo docente, generando un clima de estabilidad y armonía sobre la base del compromiso profesional, trazando objetivos y metas claras que regulen la tarea, brindando apoyos, recursos y condiciones institucionales favorables. Esta sería una lógica diferente de emprender una reforma. Pero el gobierno mexicano parece que desconoce la historia de la profesión docente, que forma parte de la historia de la educación en nuestro país y por tanto cada acción, cada discurso van en contra del legado histórico de la educación pública mexicana.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la Unidad 141 de la UPN. Correo mipreynoso@yahoo.com.mx