La inteligencia y la realidad

Alma Dzib Goodin*

Los niños más inteligentes tienen privilegios especiales, por ejemplo, pueden ser parte del selecto grupo que carga la bandera en las ceremonias semanales, exentan algunas tareas y a veces consiguen favores especiales de parte de los profesores.
Esos niños, son los que sacan 10 en exámenes y tareas, tienen becas económicas, tienen acceso a actividades artísticas y por supuesto, son el orgullo de sus padres. Todo aquello que está a la derecha de la curva normal es bien apreciado, con la misma intensidad que se desprecia al otro lado de la curva, los que no pueden, los distintos, los de 5 o 6, los niños que no entregan las tareas por falta de recursos o de apoyos,
La educación ha sobrevalorado tanto la llamada “inteligencia”, que separa a los niños: los que pueden, los que saben y los que no. Los que merecen los beneficios del gobierno, usando el dinero de los impuestos de los padres cuyos hijos requieren un poco más de atención, esos padres que trabajan arduas jornadas, que llegan a casa una vez que sus hijos se han dormido, y que no tienen oportunidad de apoyarles en la tareas, o bien esos padres que no cuentan con recursos para pagar un tutor u obsequios para el maestro.
Una vez que un niño ha sido rotulado de una u otra forma, “inteligente” o “deficiente”, es casi imposible sacudirse la etiqueta. Los padres van a amplificarla, hasta el punto que esa nota mental le seguirá por el resto de su vida.
¿Cuáles son las consecuencias?, hablemos primero de las más obvias: en primer lugar se viola el derecho de todos los niños a recibir una educación de calidad, que es tan prometida por el Estado y por el sistema educativo. Los inteligentes tienen privilegios, los otros no.
Los impuestos mantienen las clases extras de estos niños privilegiados, pero estos niños jamás ayudan a los que menos pueden, ellos no deben acercarse a esos niños que tanto les dan. Los padres fomentan la idea de que son los elegidos, que nada tienen que ver con los simples mortales y por ende, no usan su gran poder para el bien.
Existen otras consecuencias y es el exceso de estrés de los niños de 10 por mantener sus calificaciones. A diferencia de los otros niños que aceptan más fácilmente su realidad, estos niños se sienten forzados, literal o emocionalmente, a mantener sus calificaciones, lo que les provoca perturbaciones emocionales, además que bajo los principios de escases de recursos, se verán forzados a emplear cualquier artimaña para mantener alejados a sus posibles competidores.
Son niños capaces de manipular, engañar o fastidiar a los demás para no perder el lugar que se han ganado, bajo la idea de que una vez en el poder, no es bueno dejarlo ir.
Ahora bien, bajo esta perspectiva vale la pena entender qué es eso llamado “inteligencia”. No tomaré el espacio para repetir lo que usted estimado lector supone saber sobre el concepto, sino lo principios bajo la cual surge elemento de pervivencia de las especies.
En primer lugar, cabe preguntar: ¿realmente es necesaria?, si consideramos que el aprendizaje es la respuesta al medio y que es un principio que permite la adaptación, entonces vale la pena suponer que de ser necesaria, existiría en los genes y se transmitiría de generación en generación. Si esto fuera el caso, después de tantas generaciones, tendríamos que ser mucho más inteligentes. Si es así, ¿por qué se destaca solo a 3 de cada aula?
Si estuviera genéticamente programada, sería heredable bajo los principios mendelianos y tendrían que ser autosómica dominante, o recesiva, lo cual no es el caso. Se sabe que el ambiente tiene mayor peso en que un niño se desarrolle con más éxito en el ámbito escolar. ¿Por qué no puede ser transmisible genéticamente?, por que requerimos de adaptarnos al ambiente y éste es cambiante. Lo que puede parecer una conducta genial a los 10 años, parecerá inadaptada a los 30.
¿Vale la pena continuar etiquetando a los niños?, se sabe que las etiquetas restan autoestima a los niños, con lo cual se hace su vida profundamente miserable, se crea la competencia desleal y se empuja a que el niño pase más tiempo intentando mantener sus calificaciones y menos siendo niño y teniendo experiencias emocionalmente sanas con la familia.
¿Por qué debemos seguir costeando a esos cuantos?, ellos ya han demostrado tener cualidades especiales, ¿por qué no alentar a los que no pueden y apoyarles?, no digo que se cambie la balanza hacía el otro lado, sino que se nivele, pues todos los niños se benefician con el arte, la ciencia y el deporte. ¿Cuándo serán todos los niños mexicanos y con derecho a la educación?

*Directora del Learning & Neuro-Development Research Center, USA. alma@almadzib.com