El magisterio en lucha y los sueños por la democracia sindical y educativa

Miguel Ángel Pérez Reynoso*

La generación de maestros y maestras que iniciamos a laborar en la década de los ochenta, formamos parte de una generación privilegiada. La lucha estudiantil en el seno de las escuelas Normales tenía una línea de continuidad en una instancia fundada al calor del movimiento en diciembre de 1979, la CNTE.
Hace unos pocos días se llevó a cabo el 13 Congreso Nacional de la CNTE en la Ciudad de México, dicho evento es la principal instancia representativa en donde se reúne el principal capital democrático en el magisterio nacional.
A 36 años de distancia los ejes de la lucha magisterial en México no han cambiado mucho; mejor salario, democracia, mejores condiciones laborales, autonomía profesional y a últimas fechas por la abrogación de la punitiva reforma educativa del gobierno de Peña Nieto.
Recuerdo en una ocasión, cuando estábamos en una asamblea estatal en el sur de Jalisco, una señora nos preguntó y ustedes porque luchan si viven con muchos privilegios. Y ante la pregunta de ¿por qué luchan los maestros y maestras? Es una pregunta de fondo.
A la distancia puedo afirmar que la lucha es por muchas cosas, sobre todo por dignidad y respeto profesional, no se lucha por cosas, por objetos o por fetiches, tampoco se lucha para disputar un poder podrido y corrompido como es el caso del SNTE y de su larga historia de cacicazgos. La lucha de los maestros y maestras que se movilizan con sus recursos propios y con la claridad de sus convicciones sirven para movilizarse debido a una distinción personal. No cualquiera es disidente, no cualquiera es maestro democrático de a de veras, se requiere toque y distinción, lo cual se basa fundamentalmente en el asunto de los principios, convicciones y congruencia en las formas de actuar en el movimiento.
La vida de un maestro democrático no es sencilla, deberá complementar su jornada de trabajo con la jornada de la lucha por democracia, la aspiración central es luchar por un país más justo, por mejorar educación, por erradicar tantas desigualdades e injusticias.
El gran problema que se reconoce desde en origen, es que quedaban escindidos el trabajo profesional en educación y la lucha por la democracia, como si fueran dos cosas diferentes, alejadas, distanciadas.
Desde el origen discutíamos y acordábamos, que un maestro o maestra cuando decide luchar por lograr cambios verdaderos, deben ser los mejores docentes, los más cumplidos, nadie ni nada podrá cuestionarles que no cumplen, que no están en su trabajo y lo peor, que le puedan decir a un maestro democrático es que es mal maestro o que los alumnos o los padres se quejan de su trabajo. La flojera, la modorra no van en la lucha por la democracia, pero tampoco se aspira a ser súper hombres o súper mujeres, son personas iguales de carne y hueso y con infinidad de necesidades.
La próxima etapa de la lucha magisterial deberá visibilizar y normalizar la lucha, ya no será un estigma ser disidente sino un privilegio para la patria. Será un estigma ser dirigente charro del SNTE, corrupto, trinquetero y vende plazas. Pero esto solo se consigue con un proyecto claro en sus objetivos con una organización amplia que lo avale y con el despliegue de una práctica política consecuente. La CNTE cumple con estos tres principios y tiene potencia para mucho más.

*Doctor en educación. Profesor–investigador de la Unidad 141 de la UPN. Correo mipreynoso@yahoo.com.mx