Formar para la libertad, la justicia y la paz

Andrea Ramírez Barajas*

Ante la pregunta, ¿para qué formamos, docentes, agentes educativos, educadores sociales, interventores, orientadores, tutores, etcétera? La respuesta tiene muchas aristas, o mejor aun la respuesta está llena de muchas respuestas.
Formamos porque requerimos formatear lo que hemos sido antes, y requerimos dar un nuevo formato a lo que aspiramos ser para el futuro inmediato. Todo pasa por el concepto de formación configurada o re-configurada a partir de un enfoque interdisciplinar desde una perspectiva filosófica, antropológica, sociológica y psicológica. El sujeto y el sistema se funden en una perspectiva de (darse) forma, tener una forma en este mundo y actuar en consecuencia hoy es pertinente.
Por el contrario, la libertad es una quimera, uno de los conceptos más ambiguos y gelatinosos, conceptos que no son cosa como bien lo dice García Molina, la libertad también es una utopía, una aspiración, un deseo.
Formarse para ser libre es reconocer el conjunto de ataduras dentro de las cuales vivimos, estamos sujetados y requerimos de-sujestación en la perspectiva de Foucault, todo ello en esta idea de aspirar a tener un nuevo formato.
Formarse para la libertad es vivir en condiciones de libertad, la libertad se puede entender más fácilmente desde la autonomía, ¿qué sucedería si se abrieran las prisiones mexicanas o dicha de otra manera las puertas de la cárcel quedaran abiertas? Tal vez los sujetos seguirían ahí adentro porque se han acostumbrado a vivir su libertad en el encierro, otros más saldrían corriendo haciendo creer que la libertad está asociado con el acto de huir, de correr, de escaparse de algo o alguien que les persigue o los presiona y unos últimos dialogarían, negociaron su proceso de liberarse, preguntarían ¿las puertas están abiertas para que yo me vaya o sólo las abrieron para refrescarnos un poco? Estos serían los menos. La libertad se negocia, se acuerda, se pacta entre dos o más.
Ante que libertad asistimos hoy en día a partir de cómo nos formamos en las escuelas y afuera de ellas para darle chance de que se viva, se respira se sienta en la vida cotidiana.
La libertad no puede ser encierro, pero si un acercamiento caricaturesco metafórico a ella. Es una contradicción un doble sentido. Hoy los niños, niñas y jóvenes sufren de exceso de libertad, tienen tanta que se aburren, no saben qué hacer con ella, la libertad estorba, molesta, es una piedra incomoda en un zapato viejo y desgastado. La libertad se sufre.

*Doctora en educación y consultora independiente. andrearamirez1970@hotmail.com