La dicción es una herramienta trascendente

Verónica Vázquez Escalante*

Es fácil y común encontrar faltas o errores en el lenguaje de las personas, faltas de ortografía al escribir y faltas de dicción, o sea, la manera de hablar. Básicamente hablaremos sobre la segunda.
Como docente, escucho con frecuencia: –voy a copear– en vez de copiar. También dicen: –voy a vacear el agua– cuando es vaciar. Finalmente, otro ejemplo común es: –Se tiene que otservar– aunque al escribir, si anotan observar. También aquellas frases comunes. Como vistes, oistes, dijistes.
En realidad son errores actuales, tienen su origen en un español antiguo, se pueden considerar errores sencillos aunque a veces comunes, sin embargo se corrigen con dos elementos básicamente; el primero es leer y el segundo querer autocorregirse.
Para ambas cosas se necesita voluntad; no obstante antes de la voluntad, se necesita saber que está mal lo que se está diciendo. ¿Cómo sé que está mal lo que digo? Escuchando, poniendo atención ante las expresiones de los emisores. Entonces puedo comprender que la otra persona lo dijo diferente a como yo lo diría, por lo tanto se busca en un diccionario, se consulta en libros fiables y se tienen los sentidos atentos y dispuestos a querer saber más y mejor.
Actualmente (y tal vez desde siempre) a muchas personas no les interesa buscar el significado al encontrar una palabra desconocida cuando lee. Es decir, ejecutan una lectura de escasas 400 palabras, se topan con palabras desconocidas y no se interesan por conocer el significado, luego entonces, queda una comprensión pobre, no se aprovecha la plena información de lo leído.
Se desprende una interesante línea, no se queda en simplemente corregirse, sino que da la pauta a acrecentar el vocabulario personal y por consecuencia, expresar mejor las ideas que se quieren compartir.
Es común escuchar a personas que dicen: –espera, es que no sé cómo explicarlo–. Recordemos que decía Einstein “No entiendes realmente algo, hasta que eres capaz de explicarlo” por lo tanto, es necesario saber cuándo se habla, de qué se habla. Hacer pausa para detectar si la persona receptora está comprendiendo el mensaje. Ahora bien, la contraparte sería. ¿Yo estoy siendo tan claro en el mensaje que el receptor comprende la información?
Estar consciente de la dicción como herramienta trascendente, permite ver que la comunicación lleva a una retórica entendible, a tener un buen uso y manejo del lenguaje que permita obtener el valor tal cual, del conocimiento o necesidades de comprender lo que puede ser en un momento determinante. Si alguien tiene unas buenas ideas, pero tiene defecto en la dicción, no conseguirá externar sus escritos o sus pensamientos que puedan evidenciar sus pensamientos y se puede esperar un verdadero fracaso.
Hay profesionales que necesitan continuar trabajando en su dialéctica, pues con mayor razón los estudiantes requieren ejemplos y referentes. La dicción tiene que ser tan clara como sea posible, hablar sin vicios de pronunciación y, muy importante, quitar la monotonía en el tono, pues de manera definitiva las condiciones se presentan y depende de eso, la atención de la audiencia a la que uno se enfrenta.

*Doctora en Ciencias de la Educación. Profesora de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 145 Zapopan. veve30@hotmail.com