Vygotski y el Nuevo Modelo Educativo: ¿y si un lugar de repertir tratamos de entender?

Marco Antonio González Villa*

Desde hace algunos años, el nombre del teórico ruso Lev Semionovich Vygotski aparece continuamente en los proyectos, Reformas y Modelos Educativos como parte del fundamento y sustento teórico que le da respaldo y validez a cada propuesta planteada. Sin embargo, existe una continua edición y una lectura entrecortada de sus conceptos, en un entendible afán por defender su postura, resaltando aquellos elementos de la teoría que les sean convenientes, pero minimizando y/o soslayando algunos que disponen de un carácter fundamental y esencial de una mayor profundidad e impacto en cada contexto sociohistórico.
Quisiera aludir en esta ocasión a esta idea mal entendida del Nuevo Modelo Educativo (NME), que anuncian continuamente en la radio, en la que la educación se centrará en los nada nuevos principios del “Aprender a aprender”, “Aprender a suponer”, “Aprender a discernir” “reflexionando”, que, desde los mismos postulados del enfoque Sociocultural, podemos decir, a priori, no tendrán oportunidad de atender.
Basta recordar que para Vygotski cada persona alcanza niveles de desarrollo diferente, por lo que no se puede esperar, sería algo absurdo e ilógico, que todos los alumnos adquieran los mismos conocimientos o desarrollen las mismas habilidades o actitudes. Históricamente la escuela ha demostrado dicha situación, la cual es totalmente independiente a cualquier Modelo Educativo o Reforma; depende más, a nivel cognitivo, de los intereses y las capacidades de cada alumno, no de la didáctica.
Por otra parte, la saturación de alumnos en los grupos, pedagógicamente desde esta postura y creo que todas, limita la posibilidades de llevar a cabo el andamiaje y trabajar la Zona de Desarrollo Próximo, en donde el docente, efectivamente, juega un papel fundamental en la adquisición de conocimientos y habilidades por parte del alumno, al ser un apoyo y ayuda necesaria, pero que sí precisa de dedicarle un tiempo exclusivo a cada uno para poder garantizar no sólo la consolidación del aprendizaje, sino también el desarrollo de procesos psicológicos superiores.
Surge aquí una situación interesante: el aprendizaje, de conocimientos o habilidades, es por tanto primero social y después individual, es decir, primero es percibido expresado o manifestado por alguien y, solamente después, un individuo se puede apropiar del aprendizaje. Aquí es interesante la omisión que se hace del planteamiento que establece que es la madre en un principio y la familia en general, los encargados de introducir al niño al mundo simbólico de la cultura y el lenguaje, lo que favorecerá la adquisición de la lectoescritura, así como fomentará una cultura básica en cada individuo, entendida como los conocimientos mínimos que debe poseer cada persona de todas las áreas del conocimiento. De esta forma, problemas de lectura, de escritura y de redacción, al igual que la carencia de conocimientos generales tiene raíz y responsabilidad, que interesante, también en la familia y el entorno social, no sólo en los maestros.
Considerando los apuntes previos, identificamos uno de los principales errores planteados por los administradores y redactores del NME: se da por sentado que el desarrollo de habilidades cognitivas (como el discernir y el reflexionar, por ejemplo) es algo inherente al propio crecimiento biológico de los individuos, lo cual es totalmente erróneo para Vygotski, ya que da la idea de que el desarrollo precede al aprendizaje, por lo que la edad determinaría las posibilidades tanto de los aprendizajes posibles como las habilidades a desplegar. Vygotski plantea que el aprendizaje determina y es anterior al desarrollo; el aprendizaje se puede dar bajo presión o producto de una necesidad, así un alumno a través de un esfuerzo físico o mental adquiere un saber o habilidad y accede a un nuevo nivel de desarrollo. Por eso, si no hay necesidad, o no hay presión social, o sino hay esfuerzo o no hay alguien significativo del entorno social (familia o miembros de la comunidad) que inculque y modele procesos psicológicos superiores, no habrá forma de que éstos se desarrollen.
Y de lo inoperante e inadecuado de la aplicación de exámenes mejor ni hablar porque entonces la evaluación docente no tendría sentido, ni justificación.
Es claro, espero, que no todos los adultos evidencian capacidad de discernimiento o de reflexión, ¿por qué se espera que todos los niños desarrollen dichas habilidades? ¿Qué tal si en lugar de repetir (los errores de siempre) tratamos de entender (los postulados de teóricos como Vygotsk? Es difícil, implicaría que nuestras autoridades tuvieran discernimiento y reflexión; es una lástima, como ya se dijo, que no todos desarrollen tales habilidades.

*Maestro en Educación. Profesor de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala. antonio.gonzalez@ired.unam.mx