Todas las esperanzas en una sola canasta

Carlos Arturo Espadas Interián*

Al margen de lo emotivo; el llamado más a los sentimientos que a la razón; en su entrevista el Sr. Secretario de Educación de nuestro país, al presentar el modelo educativo de la Reforma, imagino que por los canales mediáticos que se usaron, es posible que haya priorizado este contenido; junto con los buenos deseos, los sueños de poder impactar en el ánimo de los ciudadanos mexicanos ofreció la posibilidad de vislumbrar un país con todo y sus habitantes, posicionado en la dimensión global.
Quisiera precisar un punto que creo es central, se han enunciado diez años para ver los frutos de la Reforma educativa. Sin lugar a duda todo lleva un tiempo y forzarlo, tal y como he escrito en otros artículos, tiene resultados graves. Sin embargo, estos diez años no significan nada si la reforma de la que hablamos se encuentra desestructurada de la posibilidad de aprovechar los perfiles resultantes. Pongamos un ejemplo: cuando se preveía la existencia del llamado bono demográfico en nuestro país, incluso por ser este fenómeno uno de los factores principales para el desarrollo de muchos países, en el nuestro, el bono demográfico ha representado serios problemas para su aprovechamiento, por ello, el bono está pasando desapercibido en cuanto al impacto en el desarrollo económico de nuestro país.
Lo mismo puede pasar con la reforma educativa, perfiles especializados que no encuentran dónde trabajar, subempleados, en la economía informal o que trabajan para empresas extranjeras. Cuando era estudiante y analizábamos las cifras, resultaba que alguien sin instrucción conseguía trabajo más fácilmente que alguien con estudios; estas cifras parecen una constante aún en datos consultados de hace 5 ó 6 años. ¿Cómo impactará esto en nuestro desarrollo como país? Es decir, los países que han logrado cambios radicales no ha sido sólo a partir de la educación, es desde un proyecto integral de transformación nacional, en donde el talento es seleccionado, depurado y aprovechado a partir de cambios estructurales que van más allá de lo hacendario, energético y demás accesorios –hablando desde la educación–. Sin esta condición, creo que el cambio tomará mucho más de diez años.
Se menciona en la misma entrevista que si llega otro partido político al poder, la reforma tiene cierto grado de no concretarse, de riesgo. La reforma ha peligrado desde su inicio y continuará peligrando, no por lo que podamos hacer los profesores, no por las posibles oposiciones, no porque un partido político quiera congraciarse con uno de los sectores más grandes y que actualmente se encuentra sin fuerza política: el magisterio. El peligro radica en su propia naturaleza, independientemente de lo se pueda decir o contraponer a ella; su problema es un problema ontológico, de origen.
El problema no radica en los buenos deseos, pues si preguntáramos, no creo que alguien impida que el país crezca, se desarrolle, tener una población culta, ilustrada, con habilidades, desarrollo de competencias, reflexiva, crítica, innovadora, propositiva y demás; ahí no está el problema, el problema es que no se están dando los pasos correctos, el problema es que se tiene una preocupación centrada en lo legal, en el juego político.
Creo que mucho se puede hacer desde los pactos políticos, nuestro país lo necesita y nuestro pueblo en el silencio –en el silencio porque como profesores y como país, no le hemos dado estructuras ni palabras para expresarse–, nos lo demanda.

*Profesor–investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 113 de León, Gto. cespadas1812@gmail.com