El Nuevo Modelo Educativo y la realidad cotidiana de las escuelas

Mario Ramos Carmona*

Se presentó el Nuevo Modelo Educativo (NME), que de nuevo tiene muy poco, sin embargo no empezará a funcionar sino hasta dentro de 17 meses (aunque en los estados se aplicará de manera experimental en algunas escuelas), en el ciclo escolar 2018-2019, es decir a 3 meses de que se termine el sexenio y el siguiente gobierno decidirá qué hacer con él. Según sus promotores el NME es muy importante y esencial, sin embargo no lo operarán para intervenir la realidad educativa que se dice solucionará.
En el discurso oficial es muy vital cambiar la educación, pero en la práctica será hasta dentro de un año y medio que comience su implementación para administrarla solo 3 meses y que sea otro gobierno quien la continúe implementando y consolidando.
El documento es un texto de slogans publicitarios y poco rigor académico, en donde poco se describe el cómo y por qué de la reforma educativa: “educación para la libertad y la creatividad”, “educación humanista”, “una verdadera revolución educativa”, aprendizajes clave”, “los 5 para ejes para la reorganización del sistema educativo”, “el antes y después de la cuestión educativa en el contexto del NME “los fines de la educación en el siglo XXI”.
Sueños guajiros, dicen algunos secretarios de educación de los estados en entrevistas de Laura Poy Solano en La Jornada, “sin recursos ese modelo es un sueño guajiro”, aunque además de recursos se necesita convencer, motivar, hacer entender e incentivar a los docentes que aplicarán el NME, pero sucede que los profesores están desmotivados por el tratamiento que les han dado en la campaña mediática de empresarios y gobierno, por una reforma de evaluaciones punitivas y por instrumentos que no premian auténticamente el mérito académico e intelectual de los profesores.
Además, a este modelo le hace falta más sustancia innovadora y novedosa, es una agenda de acciones educativas sin mucha sustancia, más bien describe algunas acciones en política educativa que se vienen operando desde hace una década, como los de la educación inclusiva, la equidad en la educación y los cambios en el currículo escolar, entre otras cosas.
Los puntos más delicados para el desarrollo de la educación pública son los relacionados con la financiación de la escuela, porque el proyecto de Escuelas al Cien, deja a los particulares en la posibilidad de aportar fondos para la infraestructura y a las escuela como entidades autónomas para resolver sus problemas de deuda, entonces el Estado no se hace responsable de su sostenimiento. En ese aspecto, sin la participación de fideicomisos u otros instrumentos financieros, el Estado debe de hacerse cargo de la educación pública como lo marca el Artículo Tercero Constitucional.
La cuestión de la enseñanza del inglés como segunda lengua es también un punto que se debería de reflexionar más a fondo, como una cuestión que tiene que ver con las identidades regionales, con la limitante de no tener los profesores suficientes y las condiciones para la enseñanza de una lengua extranjera, hasta el nivel donde se pretende que se hable de forma fluida y clara por parte de los bachilleres. Y la otra cuestión es el desmantelamiento de las escuelas rurales de donde un solo maestro atiende varios grados, por las características geográficas y de poca población.
Ojalá la reforma educativa y su NME no traigan los resultados tan críticos de la reforma energética, donde de ser un país exportador de petróleo nos hemos convertido en un importador de gasolinas, gas y productos químicos derivados del petróleo.

*Doctor en educación. Investigador independiente. marioramos_maestro@hotmail.com